Olvidarte será fácil, ya lo sé.
Tengo apenas que dejar de ver el mar
Y cegarme ante la luz de las estrellas
No ver llegar la luna detrás de un cristal.
Olvidarte será fácil, ya lo se.
Tengo apenas que arrancarte de mi piel
Y cerrar a tiempo puertas y ventanas
No ver llegar la noche, ni el amanecer.
Olvidarte será fácil,
tengo apenas que taparme los oídos
a los cantos de las aves y al murmullo penetrante de los ríos
Olvidarte será fácil, te lo digo
Es cuestión de no escuchar a mis latidos.
Olvidarte será fácil, ya lo sé
Tengo apenas que matar un sentimiento
Y tapar el sol entero con un dedo
Cambiar mi corazón por uno de papel.
Olvidarte será fácil,
tengo apenas que taparme los oídos
a los cantos de las aves y al murmullo penetrante de los ríos.
Olvidarte será fácil te lo digo
Es cuestión de olvidar que he nacido.
Francisco Céspedes
viernes, 26 de septiembre de 2008
lunes, 8 de septiembre de 2008
YO SOY LA ULTIMA PALABRA

Aun no está todo dicho, terminarás tu Odisea creyendo lo contrario, que eres capaz de sumergirme en mares de confusión y arrastrarme por ciénagas de aguas estancadas y pestilentes por donde navegas continuamente a la deriva, con el fin de envenenar mis sentidos para conseguir tus propósitos, a toda costa. Pero cuando hayas acabado de maltratar mi mente con tu lengua bífida y viperina, cuando hayas terminado de castigar mi cuerpo a base de latigazos, dejándome la piel en carne viva y hayas saciado tu sed de venganza, el estúpido que hay plantado delante de tuyo, no volverá a derramar ni una sola lágrima más por ti.
Porque a día de hoy éste estúpido ha despertado, y se ha cansado de ser el trapo sucio con el que siempre limpias tu alma. Me he cansado de levantar castillos de arena que derrumbas con el aire de tu melena. Hoy soy yo el que castiga, el que te desea cien años de soledad maldita, cien años de alcoba vacía, cien años de pura desdicha. Me voy, lejos de ti, y no te odio, te dedico toda mi indiferencia, sólo se odia lo amado y todo mi amor se ha terminado.
La niña de ojos grises que me había robado la calma, dos témpanos de hielo azul donde solía danzar mi alma.
La niña de ojos tristes sin brillo, luz ni esperanza, no juega más con mi vida, no manda más en mi cama.
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