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martes, 30 de junio de 2009

CHARLIE, EL AGENTE.

Eran las diez de la noche. Hospitalet estaba iluminada. Iba de camino a casa cuando un policía me dio el alto.

-Bona nit.
-Buenas noches. ¿Qué necesita?
-Su permiso de circulación.
El mosso revisó mis datos.

-Ángela, dígame la verdad ¿Ha bebido usted?
Me encontraba de pie junto a la moto
-Negativo señor agente, no he tomado ni una sola gota de alcohol. Créame, le estoy siendo franca.
-¿Ha consumido algún tipo de estupefacientes señora Ángela?
-Afirmativo señor agente…pero si fuera tan amable de no volver a dirigirse a mí como “señora”, aunque puede seguir tratándome de usted.
-De acuerdo, es justo. Dígame, ha consumido cannabis… ¿puedo llamarla señorita?
-He consumido hierba señor agente. Y no, preferiría que siguiera tratándome de usted sin utilizar ninguno de esos términos como “señora” o “señorita” ¿Acaso le gustaría que yo le llamase de otro modo…
-Romeo a Charlie. ¿Todo bien?
Su radio comenzó a funcionar, era su compañero de trabajo que estaba en el coche.

-…Charlie por ejemplo?
-Aquí Charlie, todo bien Romeo, todo bien.
Me miró a los ojos, separó los labios de la radio y se dirigió a mí nuevamente:
-Ahora no recuerdo lo que tenía que decirle…
-Tienes que decir “cierro”, Charlie. Cierro.
El agente se giró y me dio la espalda:
-Oh, vamos tío, que no estoy intentando ligar con ella. No utilices ahora el TEL (técnica eficaz de ligoteo) Y no vuelvas a decirme “cierro”, ya me ha quedado claro. Cierro.

Volvió a girarse y nuevamente le tenía dándome la cara:
-Disculpe a mi compañero, hoy es su primer día y está emocionadísimo. Pero creo que tendrá que darme todo lo que lleve Ángela. Y también la póliza del seguro y su DNI si es tan amable. Le recuerdo que conducir bajo los efectos psicotrópicos de las drogas también está penalizado.
-Con mucho gusto señor agente. Aquí tiene mi DNI y… un momento que tengo el seguro dentro de la moto…-cogí la llave y abrí el asiento.- Aquí tiene la póliza.

Con un walki-talki diferente del que había utilizado para hablar con su compañero, comprobó los datos que le facilité.
-¿Todo bien Charlie? –pregunté.
-Todo está correcto. Ángela, tendrá usted que darme la marihuana que lleve encima, sino tendré que llamar a una compañera para que la registre.
-No creo que sea necesario llegar a tales extremos Charlie. Muy gustosamente le voy a enseñar qué es lo que llevo encima y podrá usted juzgar, sin necesidad de más agentes policiales, de que, lo que ahora mismo llevo es tan miserable que no valdrá la pena tirarla al suelo, ni multarme por ello. Créame, le estoy siendo franca.

Charlie se me quedó mirando curioso, sabía que iba a hacer todo lo que él dijera, pero que al final, acabaría haciendo lo que yo quisiese.
-Creía haberla recompensado ya por su franqueza.
-Es cierto. Recuerdo que así lo hizo. Pero no me ha recompensado por llevar todos los papeles en norma Charlie. –Metí la mano en mi pequeña riñonera y, le mostré la bolsita de 20gramos de marihuana en el que sólo quedaban restos.-Mire, esto es todo lo que tengo.
-He de decirle Ángela, que cada vez son más los conductores que tienen todos sus papeles en regla, así que, esa excusa, además de abusada, no me sirve.-Cogió la bolsa por una esquina ayudado por el índice y el pulgar. Sacó de su cinturón una pequeña linterna y expuso la bolsa a la luz. – Es cierto, hay realmente muy poco. Aún así, podría multarla simplemente por el hecho de conducir bajo sus efectos. ¿Lo sabe verdad?
-Sí sí, lo sé, lo tengo presente. Pero creo que, es tan poco lo que he consumido, que no me ha hecho perder mi intelecto, sino examine, seguro que mi conversación es la más interesante de toda la noche. Y aunque es su deber multarme, sabe que le estoy diciendo la verdad, le he caído bien y no quiere hacerlo.

Fue la primera vez en toda la conversación que Charlie, el agente, sonrió. Relajó su semblante y su cara era mucho más tierna de lo que daba a mostrar bajo esa fachada de policía implacable. Continué hablando:
-Además, ya habrá comprobado que vivo al cruzar el puente. Sólo me separan de mi casa trescientos metros. Algo menos quizás.
Charlie se quedó pensando. Miró el puente y me miró a mí.
-Está bien Ángela. Ha sido usted honesta conmigo. No ha tratado de engañarme en ningún momento, se ha mostrado dispuesta a colaborar en todo lo que le he pedido, tiene pagado hasta el impuesto de circulación y su moto ha pasado la ITV. No tiene las luces fundidas y los retrovisores mantienen sus espejos, llevaba el casco, circulaba a una velocidad adecuada a la ciudad y todos sus datos son correctos. Soy consciente de que vive muy cerca de aquí, sólo ha de cruzar el puente y es todo recto, que no ha consumido grandes cantidades de cannabis: 1. porque no le queda y 2 porque no veo dañado su intelecto ni sus funciones fisiológicas.–Puso sus brazos en jarras alrededor de su cintura y se acercó intimidatoriamente hacia mí: Conozco el barrio donde vive, mi compañero y yo controlamos esta zona. Reconoceré su moto, que seguramente estará aparcada en la zona habilitada para ciclomotores y no en la acera para los viandantes ¿verdad?
-Desde esta misma noche podrá encontrarla allí Charlie.
Muy a su pesar y a regañadientes, metió la bolsita con los restos que quedaba de marihuana entre los papeles que había requerido anteriormente para identificarme.

-Muy bien Ángela, le devuelvo entonces toda su documentación y la dejo marchar si me promete que no volverá a conducir bajo los efectos secundarios de la marihuana. Y no crea que no nos volveremos a ver más. Me voy a fijar mucho mejor, ahora que la conozco y he mantenido unas palabras con usted.
- Muchas gracias Charlie. Ha sido muy amable conmigo, además de justo. Le prometo que no volverá a suceder. Y sí, la verdad es que espero que nos volvamos a ver, ya que sabe donde vivo. Hasta aquí sigo siéndole franca.

Guardé todos los documentos, me puse el casco y subí a la moto. Hice contacto con la llave y puse el intermitente para incorporarme al tráfico, cuando Charlie me tocó en el hombro:
-Por cierto... Ángela, mi nombre… me llamo Joan. Y me gustaría poder llamarte un día… si tú quieres claro.
Apagué el motor y me quité el casco:
-Vaya… esto sí que no me lo esperaba. –Sonreí complacida.- …Joan… ¡Sí! Me parece una gran idea, podríamos dar un paseo una de estas tares tan agradables de verano.
Le di mi número de teléfono y se lo anotó en su móvil algo ruborizado.
-Bueno…tengo que seguir trabajando. Conduce con mucho cuidado. Espera, que te facilito la incorporación.
Salió a la carretera con el silbato en la boca. Pitó a un conductor solitario que conducía y le dio el alto. Se giró hacía mí, me guiñó un ojo y me cedió el paso.

No podía creerme lo que me acababa de suceder, no sólo me había librado de una multa, o de perder algún punto en el carné de conducir, además me había devuelto la marihuana y me había pedido mi número de teléfono.
Pasé por delante del coche patrulla de su compañero, y mientras conducía miré por mi espejo retrovisor reglamentario para echarle un último vistazo a Joan. Me había caído muy bien, y además era muy guapo. Fijé la vista en la carretera, un vehículo conducía a una gran velocidad por el carril contrario, intenté maniobrar para zafarme del impacto, pero fue demasiado tarde y la colisión fue inminente.


lunes, 9 de febrero de 2009

DEL ABANDONO


Cuado ya no se sabe porqué se está luchando, ni tan si quiera, si vale la pena seguir batallando por contados ratitos de afecto. Cuando se pierde la esperanza en el otro y nos embarga la derrota permanente. Cuando la desesperación y el cansancio provocan un vacío etéreo, aparece el abandono.
No existen palabras para ese momento, no nos sirven hechos pasados que ni la memoria recuerda, se desechan a la papelera de reciclaje promesas bienaventuradas, recuerdos cuarteados por el tiempo, fotografías y viejos momentos que llenaron de felicidad una época, que ya termina.
Uno frente al otro se miraron a los ojos por última vez. En sus pupilas, decepción, fracaso y negación; en los de ella, añoranza, perdón y abandono. No supieron qué decirse en los instantes finales, las conversaciones, abiertas hasta altas horas de la madrugada, se anularon por la desidia, y la climatología era un tema muy abusado.
Abrieron sus bocas y exprimieron la última gota de cariño que les quedaba, lleno de residuos de reproches, discursiones, enfrentamientos y compasión. El último beso, el del final.
De los dos, sólo uno se giró para mirar atrás y despedirse con un musitado adiós, que le resquebrajaba la garganta y se enlazaba a un llanto débil que asomaba en su mirada. Lo que vieron sus ojos, entre bancos de agua salada no calmó su angustia, los grilletes que ambos se habían impuesto, ahora se desvanecían de sus tobillos proporcionándoles la libertad, alejándose un metro más sin arrepentirse ni echar la vista al otro.
Y sintió que su foco de luz se apagaba, que la sangre se cristalizaba, se secaban fluídos corporales, se astillaron huesos y se entumecieron músculos, todos sus órganos vitales comenzaron a fallar, y mientras moría, claramente de amor, nadie supo darse cuenta de lo peligroso de aquella despedida entre dos.

viernes, 12 de diciembre de 2008

UN MAL DÍA



Hay días en los que el silencio llega a ser ensordecedor aún habiendo bullicio a tu alrededor, pero tu cabeza parece estar insonorizada. El silencio puede llegar a reventarte los tímpanos, cuando ves a las personas que te rodean articular palabras y el sonido sin salir de sus gargantas.
La habitación puede cobrar vida propia, y girar y girar sin parar. Alguien se levanta de su asiento y coge una cerveza de la nevera, te preguntan algo, no sabes muy bien el qué, su boca no ha emitido sonido alguno. Asientes y sonríes delicadamente.
Unos te mienten en la cara, te sueltan cosas que no se creen ni ellos, pero el problema está en cuando crees que esa persona se está creyendo tu bulo y resultas ser tú el engañado. Otros fuman y aparentan estar allí con los demás, pero su mirada está vacía, no tiene ojos para verte. Hay quien ríe abiertamente y su risa te contagia algo, aunque no sabes el qué, porque es muy difícil reír cuando se llora por dentro amargamente.

Y mirando bien y a tu alrededor, te das cuenta de que todos son grandes actores interpretándo su papel a la perfección, tal y como reza el guión; y la actuación puede llegar a ser perfecta si nadie decide improvisar, porque, uno no sabe qué hacer cuando alguien se salta el texto. La comedia puede llegar a convertirse en tragedia.
Pero hoy no estás para estrenos, ni teatros, ni películas de serie B, porque el eco del silencio resuena estridente en tu cabeza. Debes de salir de allí, cuanto antes.

- Voy a por unas birras ¿alguien quiere algo?
- ¡Tráete un camello!
- Si, y papel que nos quedamos sin.
- Y unas patatas, o unos donettes, lo que sea, que por aquí hay gusa. -Dice alguien alzando la mano y señalando con el dedo las cabezas de los que están sentados en el sofá.
Asientes y sonríes, delicadamente.
- Ahora vuelvo.
- ¡Eh tía! Que te dejas la pasta ¿O piensas invitar tú?
Niegas, coges el dinero, sonríes delicadamente.
Abres la boca para para decir lo dicho anteriormente: "Ahora vuelvo" pero te callas y lo que abres es la puerta.

Una vez en la calle todo en tu cabeza parece estar igual o peor. Ni el viento, ni el frío, ni las luces de la calle, ni el ruido, son capaces de sacarte del ensimismamiento en el que estás metida. Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón echas a andar, con una piedra por toda compañía, a la que vas dando pequeños toques con tus deportivas nuevas. Caes en la cuenta y te paras en seco. Deportivas nuevas, de última generación, de marca para ser igual de imbécil que los demás y bien chulas para que la gente te diga: ¡Eh, como molan tus bambas! Creas, ¿respeto? ¿afecto? ¿personalidad? ¿envidia? ser... ¿gilipollas de remate? Pero sigues siendo tú, aunque con deportivas nuevas de última generación, de marca y bien chulas.

Te guias hasta el coche, tal vez no sea un buen momento para conducir, no por la ciudad, sí por un polígono. Rumbo al polígono. Y es lo que tienen los polígonos industriales por la noche, puedes correr un poco más, no hay semáforos y escasea el tráfico. Puedes poner la música tan alta como te apetezca, puedes gritar mientras cantas y nadie te mira como si estuvieras loca, descargar adrenalina hasta vaciar el depósito y el tiempo parece... ¡Mierda el tiempo!
Casi sin arte cuenta llevas más de dos horas conduciendo y pegando berridos dentro del coche. Miras la hora, las once y media. Menos mal que la gasolinera siempre está abierta.
- Buenas noches, me pones seis estrellas y ...
- ¿Y...?
- Un momento por favor, que no lo recuerdo.
La dependienta suspira, pero se levanta para coger las cervezas de la nevera. Aprovechas y coges el móvil de la chaqueta. Quince llamadas perdidas. Cara de asombro y piensas: menos mal que lo tenía en silencio.
- Oye, que me he despistado hablando con un amigo que me he encontrado por la calle. ¿Qué me habíais pedido que no lo recuerdo? -¿Se tragarán el engaño? piensas. Por lo menos no me he salido del papel.
- Nos tenías preocupados tía, llevas más de dos horas fuera. ¿Estás bien no?
- Sí, sí, siento haberos preocupado, pero tenía el móvil en silencio... bueno, qué era lo que tenía que llevar.
- Eh.. sí, haber era... un camello
- ¡Y un Winston! -Se escuchó de fondo.
- Sí, un camello, un Winston, papel, que no se te olvide tía y comida, en abundancia ahora, que todos tenemos hambre.
- Vale, vale, pues ya voy.
- Venga, no te líes.

Dirigiéndote a la dependienta, sacudes la cabeza en forma de despiste, sonríes señalando el móvil y le sueltas la lista.
- Y me pones también un paquete de chimos y regaliz de fresa.
- ¿Cuántos?
- Dame el bote.
- ¿Cómo?
- Once, que me des once.
La dependienta te mira con mala cara y vuelves a sonreír.
- ¿Tienes pizzas?
- ...Seh...
- Pues ponme un par de atún y beicon y otras dos de queso.
- Veintidós con quince maja.
- Aquí tiene, buenas noches.

Aparcas, suspiras y te vas al pub que hay calle abajo para comprar el tabaco y lo demás ya os lo podéis imaginar. La cena, jugar unas partidas a los bolos, con suerte echas unas cartas, unas risas, fumar hasta partirte el pecho y tomar unas copas.
Tres horas después la gente se va y vuelve el silencio, atronador, ya ni te sorprendes, lleva siendo así toda la noche. Apagas luces, te enfundas el pijama y te metes en la cama. Cierras los ojos y el silencio desaparece. Miles de voces en tu cabeza preocupadas por infinidad de cosas. Queda noche para largo.
El dinero, el trabajo, la hipoteca, el préstamo, la política, la crisis, cambiarle las pastillas de freno al coche, pintar el techo, me quiere no me quiere, qué harás cuando mamá falte un día, si hay algo más allá, si hay algo más acá, qué puedes hacer para mejorar, qué bonitas que son las bambas, mañana me toca limpiar la casa, qué demonios te ha pasado esta noche, el lunes tengo que ir al banco, la contestación que te ha dado fulanito, cómo te gustaría estar en el pueblo, o tal vez en Miami, o en Las Vegas, de vuelta al dinero, el trabajo, la hipoteca, el préstamo....

viernes, 28 de noviembre de 2008

FRANKENSTEIN



-¡Está vivo! -Le gritaron a Frankenstein.- ¡Vivo!

Mi corazón que para ese entonces, era más como un muerto viviente, un espectro o un alma en pena, un músculo que sólo latía lo justo, para mantenerme con vida. Y cuando yo creía que ya no había esperanza alguna... Levantan fusibles, le dan a la luz, y la vieja instalación eléctrica padece una subida de tensión de las que no se registraban en años.

Engrasamos ventrículos y soldamos aurículas, comprobamos sus sístoles y su diástole, su ritmo cardíaco era algo lento, pero nada que no se pueda solucionar con un poco de ejercicio, mucho cariño y nada de reposo.
Estuvimos arrancando telarañas, sacudimos el polvo acumulado de años, limpiámos toda la zona del corazón, la hidratámos a base de palabras, gestos y miradas, y, ¡oh! cuándo estábamos abrillantándolo, nos dimos cuenta de que, aquellas cicatrices que tanto daño hicieron en el pasado, no eran más que pequeñas betas blancas que afeaban su aspecto externo, cuando por dentro se encontraba en plena forma, así que oscurecimos la zona afectada con el rojo de tus labios y conseguimos un aspecto fenomenal.

¡Adiós al abrigo! Este año le quito la bufanda de lana, las pantuflas de tela y la bata de guatiné y le animo a salir de casa, porque este año, a mi corazón le han puesto un radiador de última generación. Sólo necesito recordar tus manos entrelazadas con las mías y aquellas risas de madrugada en la habitación, para ponerlo en marcha y hacerle entrar en calor.
Y después de todo este esfuerzo, fíjate, no hay más que verlo. Rebosa salud y alegría, le han devuelto aquel favorecedor color rosáceo, en vez de ese negro luto que llevaba siempre, aún siendo tan joven.
Puede que esta tarde le ponga luces de colores y me lo lleve de paseo por Barcelona, para contarle a toda la ciudad, que mi corazón está navideño, que está vivo y con ganas de amar.

lunes, 8 de septiembre de 2008

YO SOY LA ULTIMA PALABRA



Aun no está todo dicho, terminarás tu Odisea creyendo lo contrario, que eres capaz de sumergirme en mares de confusión y arrastrarme por ciénagas de aguas estancadas y pestilentes por donde navegas continuamente a la deriva, con el fin de envenenar mis sentidos para conseguir tus propósitos, a toda costa. Pero cuando hayas acabado de maltratar mi mente con tu lengua bífida y viperina, cuando hayas terminado de castigar mi cuerpo a base de latigazos, dejándome la piel en carne viva y hayas saciado tu sed de venganza, el estúpido que hay plantado delante de tuyo, no volverá a derramar ni una sola lágrima más por ti.


Porque a día de hoy éste estúpido ha despertado, y se ha cansado de ser el trapo sucio con el que siempre limpias tu alma. Me he cansado de levantar castillos de arena que derrumbas con el aire de tu melena. Hoy soy yo el que castiga, el que te desea cien años de soledad maldita, cien años de alcoba vacía, cien años de pura desdicha. Me voy, lejos de ti, y no te odio, te dedico toda mi indiferencia, sólo se odia lo amado y todo mi amor se ha terminado.


La niña de ojos grises que me había robado la calma, dos témpanos de hielo azul donde solía danzar mi alma.
La niña de ojos tristes sin brillo, luz ni esperanza, no juega más con mi vida, no manda más en mi cama.

lunes, 25 de agosto de 2008

ILEGALES


Soy asiduo a tus encuentros clandestinos, aquellos que ofreces cuando la luna se esconde en el cielo, cuando la oscuridad en la ciudad es un hecho, cuando los niños duermen y la mirada de los hombres navega entre sueños.

Soy el único perdedor abonado a tus miradas fugaces, condenado a verte codificada la mayor parte del tiempo, cuando te dedicas a ser esposa, madre, amiga y mujer a la vez. Dejando para mí, el despojo más sucio de tu propia persona, los más obscenos, los más lujuriosos, los más imbatallables deseos, los fuertes vientos huracanados, los mejores momentos físicos de una mujer que lucha contra el tiempo de una juventud que se acaba.

Soy el incansable cazador furtivo de una especie en peligro de extinción, enfermo de tus besos, febril de tus caricias, desquiciado por tu sexo, ausencia de palabra, creyente de monosílabos, máximo ganador de metales brillantes en el medallero de tu anatomía, primer puesto en el podio de los juegos olímpicos en salto de alcoba.

Pero todo se acaba, las oportunidades se agotan, nuestro tiempo se gasta, los momentos que pasamos juntos cada vez son más breves, y temo que el día menos pensado dejes de cruzar la esquina que te lleva a mi casa, para no volver, para no verte nunca más.
Obligándome a guardar bajo llave tu olor corporal, la belleza de tu cuerpo, el sabor de tu entrepierna, la suavidad de tu cabello y los murmullos de tu orgasmo.

sábado, 19 de julio de 2008

A LA PLATJA / EN LA PLAYA



Sis de la tarda…

-Atenció senyors banyistes, ha desaparegut un nen de set anys que es diu Ismael o Israel… Ismael, Ismael Moreno Rubio. Duu un vestit de bany verd amb ratlles blanques. No, ho sentim, les ratlles son verdes y el vestit de bany blanc. Si algú es troba, pregem ho portin a la torre de control de la Creu Roja, que tenim a la mare aquí plorant com una magdalena. (Senyora que em moja el micro, Senyora…!)
-Fill meu, on estás? Si apareixes et compraré tots els gelats que vulguis. Si, també el Calippo. Ismael torna aviat !

Dos cuart de sis….

-Atenció senyors banyistes, ha desaparegut un home de trenta-set anys (Senyora, un home de trenta-set anys no desapareix a la platja) Bé, repetim, ha desaparegut un home de trenta-set anys, molt gros, amb barba i amb ulleres de pasta negra. Porta al mateix que el nen desaparegut, uns patalons curts verds amb samarreta a joc. Pregem, els portin a la torre de control de la Creu Roja. Moltes Gracies.

Set de la tarda…

-Atenció senyors banyistes, més caldría que avui no haguessin vingut a la platja perque no us deixarem tranquils. es busca un gos de raça canina que caçava meduses amb la boca. Si ho veuen surant en l'aigua no s'espantin, està mort i no mossega. De totes maneres el seu amo, un gros de trenta-set anys i un nen de de set ho busquen desesperadament. Un moment, vosaltres no sou els desapareguts?

Tres cuarts de vuit…

-Atenció senyors banyistes ha desaparegut un bitllet de l´ONCE premiat amb quinze mil euros. Ara si que es mouen oi? Que poca vergonya cal tenir. Si algun ho troba… doncs per a ell. Molta sort!

Les vuit de la tarde.

Atenció senyors banyistes. Es busca al fill de puta que creia haver perdut el cupó de l'ONCE, resultant ésser tot això una broma pesada. Si ho troben rient per la platja, portin-lo a la torre de control de la Creu Roja. Que li faran falta els quinze mil euros per a posar-se la boca nova. Moltes gràcies.







Seis de la tarde ...


-Atención señores bañistas, ha desaparecido un niño de siete años que se llama Ismael o Israel... Ismael, Ismael Moreno Rubio. Lleva un bañador verde con rayas blancas. No, lo sentimos, las rayas son verdes y el bañador blanco. Si alguien lo encuentra, rogamos lo traigan a la torre de control de la Cruz Roja, que tenemos a la madre aquí llorando como una magdalena. ¡(Señora que me moja el micro, Señora...!)

-Hijo mío, ¿dónde estás? Si apareces te compraré todos los helados que quieras. Si, también el Calippo. ¡Ismael vuelve pronto!


Seis y media ...


-Atención señores bañistas, ha desaparecido un hombre de treinta y siete años (Señora, un hombre de treinta y siete años no desaparece en la playa) Bien, repetimos, ha desaparecido un hombre de treinta y siete años, muy gordo, con barba y con gafas de pasta negra. Lleva lo mismo que el niño desaparecido, unos patalones cortos verdes con camiseta a juego. Rogamos, los traigan a la torre de control de la Cruz Roja. Muchas Gracias.


Siete de la tarde ...


-Atención señores bañistas, más valdría que hoy no hubieran venido a la playa porque no os dejaremos tranquilos. Se busca un perro de raza canina que cazaba medusas con la boca. Si lo ven flotando en el agua no se asusten, está muerto y no muerde. De todas maneras su dueño, un gordo de treinta y siete años y un niño de siete lo buscan desesperadamente. ¿Un momento, vosotros no sois los desaparecidos?


Las ocho menos cuarto ...


-Atención señores bañistas ha desaparecido un billete de la ONCE premiado con quince mil euros. ¿Ahora si que se mueven eh? Que poca vergüenza hay que tener.

Si alguno lo encuentra... pues para él. ¡Mucha suerte!


Las ocho de la tarde.


-Atención señores bañistas. Se busca al hijo de puta que creía haber perdido el cupón de la ONCE, resultando ser todo eso una broma pesada. Si lo encuentran riéndo por la playa, traiganlo a la torre de control de la Cruz Roja. Que le harán falta los quince mil euros para ponerse la boca nueva. Muchas gracias.

martes, 8 de julio de 2008

GEOMETRÍA


En un triángulo afectivo siempre sobra un cateto. A corto o a largo plazo, la hipotenusa acaba rechazando uno de los lados, lo que nunca sabe es si elige el correcto.

Y hay miedo. Miedo a hablar y que nuestros oídos estén atentos a todo aquello que decimos.
Miedo a que nuestra mirada distraída, se encuentre en un momento oportuno y consigamos escuchar lo que con voz no decimos, leer sin palabras, resolver problemas aritméticos o descifrar jeroglíficos ininteligibles.
Miedo a que ese momento no llegue nunca y que tú y yo muramos sin haber nacido.
Destruyendo sueños, quemando esperanzas, arrancándole la vida a la semilla para que jamás germine.
Un amor que no da lugar, que no da comienzo y que acaba prematuramente.
Mientras tanto yo, en las silenciosas noches de alcoba, sueño tus besos, imagino tus caricias, invento conversaciones, recuerdo momentos y pienso en tu cara, tu sonrisa, tus ojos, tus labios y tu pelo.
Y cada vez que nos vemos siempre lo mismo, mi boca anhelando unos besos que no llegan, mis manos, deseando crear caricias en tu cuerpo y mi corazón harto de extrañar al tuyo, que camina de la mano de otro.

He descubierto el cateto que sobra. Siempre es el mismo.

domingo, 6 de julio de 2008

VINO Y VERSOS (el desenlace)


MANUEL RUBIALES (IV)

Todo estaba oscuro, ese tipo de oscuridad que te hace perder el equilibrio y la orientación. Me quedé allí quieta, esperando a que sucediese algo. Frente a mi, una cerilla prendió y apareció Manuel Rubiales de entre la penumbra encendiéndose un cigarrillo más. Exhalando humo por la boca apagó la cerilla y la oscuridad se hizo patente. Dio una calada y sus ojos oscuros sin brillo, parecían arder en las más profundas llamas del infierno.
-Buenas noches Ángela.
Me quedé boquiabierta. ¿Cómo sabía mi nombre?
-Buenas noches señor Manuel.

Se quitó la chaqueta y unas enormes alas negras brotaban de su espalda. Me asusté tanto que me di la vuelta, pero me agarró de un brazo y me retuvo allí.

-Ellas no van a hacerte nada.-dijo batiendo las alas y acicalándoselas.

Pensé que sería un ser del inframundo, un ángel caído, tal vez un demonio aquí en la tierra, escapado de las puertas del averno. Comencé a arrepentirme de haber entrado en aquel sitio tan siniestro, de haber conocido a Carola y de haber escuchado los versos prohíbidos de aquel poeta maldito.

-No temas, no te voy a hacer nada, sólo quiero hablar un rato contigo y conocerte un poco. Dime, ¿te gusta la poesía?-Sus palabras parecían danzar dentro de su boca.

-Me gusta su poesía. –Dije sin más. El corazón me palpitaba fuerte en el pecho, temí que llegase a oír mis latidos y como si hubiese adivinado lo que pensaba soltó:
- Tranquila, no pasa nada.-Otra calada y sus ojos volvieron a aparecer en la penumbra, estaban fijos en mí. Su expresión era serena y tranquila, confiado de sí mismo. Sostenía en la mano una copa de vino que tenía mucho mejor aspecto del que me habían ofrecido a mí.
- Estoy buscando a Carola. ¿La ha visto?
- Carola… no conozco ninguna Carola.- Mintió.
Me quedé extrañada.
- Si, es la chica que estaba sentada a mi lado.
- ¿Te encuentras bien?
La verdad es que no, no me encontraba bien. Hablar a oscuras sin poderle ver el rostro al poeta maldito me ponía los pelos de punta. Me sentía intimidada y algo confusa. El calor ahí dentro era sofocante. ¿Dónde estaba?
- Toma, - Me dijo ofreciéndome la copa que llevaba entre sus manos. –Este vino te gustará mucho más y te refrescará.
Tomé un buen trago.
-Quiero contarte una historia. Hace ya alguno años, conocí a una joven que me robó el corazón con una mirada. Su sonrisa era la gloria aquí en la tierra y sus besos el vino más dulce y embriagador que haya tomado jamás. Ella juraba estar totalmente enamorada de mí y yo la creí, con esa fé ciega que se tiene de quién nunca te ha mentido y amas sin contemplaciones. -Agachó la cabeza y se peinó la perilla meditando. Se levantó de un salto y me agarró de los hombros.- Yo la quise, la quise tanto o más que a mi propia vida y ella me engañó con un mozo más joven que yo en nuestra propia cama.

Cerré los ojos, para no enfrentarme con aquella mirada oscura que me hacía estremecer. No tenía iris, todo era pupila. Una rabia interna brotaba por cada poro de su piel. Me sentí tan identificada con él que le compadecí. Mi novio también yacía con otra mujer en nuestra misma cama, supe entender el dolor que le causaba en el pecho. Pecho, noté que el pecho me ardía, que todo a mi alrededor giraba, comencé a sudar y no podía articular palabra. A pasos muy lentos quise salir de allí, pero mis piernas, como si fueran cañas de azúcar, se doblaron por las rodillas y caí al duro suelo de detrás del escenario. No podía ver nada, mi respiración era agitada y el calor me ahogaba.
Me había envenenado, aquel tipo del que me compadecía y quería entender, me había drogado y no podía ni moverme.
Manuel dio una calada a su cigarro, su cara estaba justo enfrente de la mía, quise agarrarlo por el cuello y hacer algo, pero estaba totalmente paralizaba.
Noté el roce de sus labios sobre los míos, los paseó por mis mejillas, las que antes se ruborizaron con una sola mirada, detuvo su ascendente marcha y bajó hasta el cuello, aspiró hondo, como si quisiera llevarse consigo el perfume de mi piel. Me miró a los ojos con ternura, y me besó. Un beso cálido, tierno, añorado.
-Amada mía, llevo tanto tiempo esperando tu regreso… No quise hacerte daño, tú lo sabes, pero aquella noche me pudieron los nervios. Siento tanto todo el daño, todo el dolor… Pero eso ya no importa, has vuelto y estás aquí conmigo. Ahora duerme, tranquila, yo te protejo.
Los párpados me pesaban, los músculos me pesaban, mi cuerpo entero pesaba. Me rendí al agotamiento y me quedé dormida.

Desperté con mil agujas clavadas en mi retina, me dolía la cabeza y sentía la boca amarga. Unas arcadas me subieron por la garganta y me di la vuelta hacia un lado de la cama donde había un cubo de hojalata preparado para tal uso. Vomité sin saber muy bien qué, hasta que me encontré mucho mejor. Estaba en una habitación desconocida, tendida en una cama grande con velos de color carmesí y candelabros encendidos por toda la estancia. Quise levantarme, pero aún tenía mareos, así que me incorporé en la cama y volví a vomitar.
-Se te pasará, aunque es posible que durante unos días te siga doliendo la cabeza.- Dijo una voz desde el otro lado de la estancia.- Te he traído una taza de caldo de pollo con avecrem, tómatela ahora que está caliente, te hará bien al estómago.
Esa voz, esa profunda voz que parecía remover la tierra me era familiar. Dio un paso al frente e iluminado por las velas que me acompañaban pude verle el rostro a Manuel Rubiales. Iba vestido de riguroso negro, camisa y pantalones de lino negro y una chaqueta que nuevamente le cubría las alas.
- ¡Tú! Me has envenenado y ahora quieres volver a hacerlo. No tomaré ni una cucharada de ese caldo, ahora mismo me voy de aquí. -Intenté levantarme, pero comprobé que no iba a ser posible. Manolo se echó a reír.
-Me temo que aún tienes los músculos algo débiles amada mía. Siento haberte envenenado y siento tener que decirte que ya no podrás salir de aquí. – Se sentó en una silla que había al lado de la cama y dejó la taza de caldo en la mesita. Acercó su mano para retirarme el cabello de la frente, pegado por el sudor, pero se la aparté lo más rápido que pude.
Me miró con expresión condescendiente y una leve sonrisa se perfiló en sus labios finos, como dibujados a pincel.
-Tú y yo no somos tan diferentes como piensas. Ambos convivimos con la soledad, engañados por aquellas personas a las que amamos, pero aún así no nos rendimos y salimos a la búsqueda de un nuevo amor. ¿No es así?- Hizo un largo suspiro, se levantó de la silla y miró por la ventana. –Ayer mismo, cuando te vi vagar por estas calles, supe que eras tú. Tan triste, tan desolada, y aquel grito, ese llanto amargo, tus ojos, tu piel, tan frágil… Michelle yo…-Se giró hacia mí y me miró a los ojos.- ¿cómo pudiste engañarme? ¿Qué te hice yo?
- ¿Michelle? Yo no soy esa tal Michelle, me llamo Ángela.
- Michelle, Ángela, distinto nombre, mismo espíritu. En el incendio que provoqué aquella noche que encontré a Michelle con otro, su espiritú voló a lo más alto y yo me quedé encerrado aquí para siempre, sin poder volar junto a ella.-un gato negro ronroneaba a sus pies, metió una mano en el bolsillo del pantalón y se agachó para darle de comer al minino. Se pusó en pie y se dirigió hacia mí.- Hoy estoy buscando una compañera que me ayude a sobrellevar la soledad eterna a la que estoy condenado. No la hube encontrado hasta ayer. Eres la reencarnación de Michelle y parecen que los años jamás hayan pasado. Estás aquí para toda la eternidad, vagando conmigo y con Carola y con todas las personas que vinieron al VINO Y VERSOS y murieron en aquel incendio, hace ya quince años.

– ¿Quince años?-Repetí.- Estás… estás muerto. Tú y todos los que ayer estuvieron aquí, ¿sois muertos vivientes?
-Preferimos llamarnos almas en pena, intranquilas porque todos, aquel fatídico martes, dejamos cosas pendientes que hacer en nuestra vida.
-Pero yo estoy viva, yo soy real, yo tengo muchas que cosas que hacer todavía.
-Me temo que no cariño mío, tú estás tan muerta como nosotros. Mantienes la frescura en la piel, pero eso no tardará mucho en desvanecerse. Tu alma está muerta, maldita, deshecha en jirones. La gente que es feliz no llega a ver este local. En su lugar creo que hay una pastelería con bollitos de crema que huelen a gloria bendita.

Intenté procesar toda la información en mi cabeza. Aun no sabía si estaba soñando o todo aquello era cierto.
-No estás soñando amada mía.
-¡Deje de llamarme así! ¡Yo no soy nada suyo! ¡Déjeme salir de aquí, quiero salir de aquí!


Una voz canturreaba una canción y sin llamar entró en la habitación.
-Hola bella durmiente, ¿cómo te encuentras?-Dijo mirándome, aunque acercándose a Manolo y besándole en los labios. Era Carola. -¿Ya lo sabe no?- Manuel asintió.
-Que te parece, pasar toda la eternidad juntas… a todo se acostumbra una, no creas. Poco a poco empezarás a entender que todo lo de ahí fuera, eso que llaman vida, no es vivir. Esto es vida, eterna. Siempre serás joven y no tendrás una sola arruga que marque tu edad. Vivirás tanto de día como de noche y harás siempre lo que te apetezca.
-¡A mi me apetece salir de aquí! –inquirí.
Carola y Manuel se miraron.
-Te quedarás. –Dijo Manuel solemne, el gato negro salió huyendo de la estancia. -Esto es VINO Y VERSOS, todo el que entra, no sale. Ve despidiéndote de todos tus recuerdos, aquí no te hacen falta.- Con un gesto leve de cabeza incitó a Carola a marchar de la habitación con él.- Dentro de un par de días te encontrarás mejor. Hasta entonces.

Los primeros días transcurrieron con lentitud. Fuera, volvía a llover y todo parecía estar con la misma calma con la que abandoné mi mundo real. Ahora todo eso ya ha cambiado.
Con el paso del tiempo aprendí que VINO Y VERSOS era algo más que una tasca, un garito, un local, un bar o una gruta. El VINO Y VERSOS era una nueva vida para todos aquellos que no encuentran su sitio en el mundo externo y su alma pide a gritos algo diferente, un lugar donde encajar.
Un martes al anochecer, estaba repasando con Manuel un nuevo poema que no había salido a la luz.
-Estoy nervioso corazón mío, hace años que no recito nada nuevo. –Dijo apretándome con fuerza las manos.
- Los vas a impresionar, como siempre.- Sostuve sus manos y las besé. Alzó mi barbilla y me besó con afecto.
- Te quiero Michelle.
- Ángela cariño. Yo también te quiero. Ánimo.

Al bajar del escenario, pedí una copa de vino y avisté una mesa donde una joven se sentaba sola y miraba perpleja nuestro mundo. Con sigilo me senté a su lado.


-Hola ¿Eres nueva por aquí? No te había visto nunca.- Repetí las palabras que una vez dichas, me hicieron cautiva para siempre de VINO Y VERSOS.

jueves, 3 de julio de 2008

VINO Y VERSOS (continuación)


EL POETA MALDITO (III)

El VINO Y VERSOS no parecía un mal lugar después de todo. A pesar de la mugre que podía llegar a tener, a mi me hacía sentir muy cómoda. La gente hablaba y reía abiertamente sin importarle para nada sus defectos o complejos, aquí todos eran iguales y por lo que me contaba Carola, nadie en ese garito llevaba buena vida. Estaba desde el alcohólico, hasta el putero, pasando por el ladrón, el drogadicto y el camello, el chulo, el corrupto… todo tipo de sabandijas con una sola cosa en común, el vino en grandes cantidades y los versos de sus poetas malditos.


- ¿Y toda esta gente puede pagar la entrada de diez euros? –Pregunté incrédula.- Parecen bastante pobres.
Carola se echó a reír.
- Ya conoces al ladrón.
Me sentí estúpida.
- Pues tiene una manera muy natural de robar a la gente.
- No te preocupes, haré que te lo devuelva. Me has caído bien y me gustas mucho.
Tragué saliva. Nunca en mi vida una tia me había dicho que le gustaba. ¿Qué quería decir con eso? ¿Sería la jerga que utilizan aquí para decir que caes bien? Yo por si acaso no quise profundizar más en el tema y me aparté un poco de ella.
-Tú también molas un montón.-Dije devolviéndole el manotazo en el hombro.

Momentos más tardes un foco alumbró el escenario que se encontraba enfrente. Una silla alta y un micrófono descansaban sobre las tablas de madera. El murmullo de la gente cesó y todos los que estaban de pie en la barra o ligando con la camarera, corrieron a sentarse en sus almohadones para disfrutar del espectáculo.
Carola me pasó el porro que estaba fumando. Yo no fumaba. No había fumado en mi vida, pero decidí que hoy, todo estaba permitido. Desde beber vino y lidiar con fantoches y ladrones hasta fumar porros.


En un susurro de voz Carola se acercó a mí para explicarme lo que sucedería a continuación. De cerca sus ojos me dieron miedo.
-Ahora sube a recitar mi poeta favorito. Es un hombre torturado por el desamor, todas las mujeres con las que ha estado le han sido infiel o le han sacado los pocos cuartos que tenía.
Un día conoció a una chica de veintitantos años, de piel blanca y largos cabellos negros, con unos ojos tan azules como los tuyos. Michelle se llamaba. Él le prometió que no la defraudaría, ella, que siempre le sería fiel. Michelle era diez años más joven que Manuel y ella no estaba preparada para una relación como la que el pedía. Michelle quería conocer carne joven y que todos los chicos se volviesen locos por ella. Hasta que una fatídica noche, al llegar al VINO Y VERSOS, Manuel se encontró a su Michelle con un apuesto joven que le hacía el amor con tanto deseo que… bueno, eso ya te lo contaré en otro momento.
Aun así, el siempre vuelve aquí cada martes lamiéndose las heridas, para hablarnos sobre lo que más añora y que siempre le hace daño: el amor.
Mi poeta maldito se llama Manuel Rubiales.

Un hombre con un cigarro en la boca y ordenando papeles, se sentó en la alta silla y se acercó el micrófono. Pidió que le bajasen un poco más el foco que le daba en los ojos y le deslumbraba. Con la luz más baja y adaptando su vista después, miró a todos los que habían en la sala. Saludó a un tipo que estaba sentado delante nuestro con los brazos en el aire. Por fin se decidió a hablar.

-Buenas noches-La gente empezó a chasquear los dedos en modo de respuesta, me quedé pasmada. -Veo caras nuevas. –decía una voz profunda que hacía temblar los corazones. Me quedé mirándole largo y tendido, no parecía ni borracho, ni putero, ni un maltratador de almas, aunque no había brillo en sus ojos negros, oscuros como la noche. -Bienvenidos a todos, si esta es vuestra primera velada espero que disfrutéis de ella. Si no lo es, ya nadie podrá salvaros.
Vítores y más chasquidos en la sala, me animé a chasquear quizás demasiado tarde, cuando todos habían enmudecido y preparaban sus oídos al deleite de aquel hombre. El poeta maldito me sonrió y noté el rubor en los carrillos. Carola me lanzó una mirada furtiva que esquivé dándole una calada al porro y tumbándome de espaldas y con los brazos extendidos en la moqueta.
-Hoy voy a recitar un poema que he titulado: Rigor mortis. –Más chasquidos.
No hizo falta que se aclarase la voz, para aquel poema no era necesario.

ABIERTAS LAS COSTILLAS,
QUEBRADAS DE ABRAZARTE
ROTA LA PIEL DE LOS LABIOS
GASTADOS DE BESARTE
Y BESARTE
A PULMÓN VACÍO.
LA LENGUA AGOTADA Y TENSA

DE JUGAR CON TU LENGUA INQUIETA.
LAS MANOS, VESTIDAS DE CARICIAS,
SACIADAS DE APRETARTE.
LA BOCA VICIADA DE TU BOCA,
DE TOMAR TU SALIVA ENVENENADA
CON ESTE DESEO MORTAL
EFÍMERO, ETERNO Y AMABLE…

Dolía el alma sólo de escucharle. Tuve que levantarme del suelo y chasquear sin más remedio. Tenía los ojos llenos de lágrimas y el vello de todo el cuerpo de punta. Aquel hombre recitaba con una pasión que no pasó desapercibida para mí.
Siguió así, recitando versos hasta pasada la media noche, bebiendo vino y fumando incansablemente. Siempre cubierto por un halo de humo azul.
El foco se apagó, Carola ya no estaba a mi lado y la gente comenzó a levantarse en silencio y a irse. Me quedé sentada mirando a todos y sin ganas de irme, yo estaba bien allí, para qué abandonar tan pronto el VINO Y VERSOS.
El camarero de fornidos hombros que me atendió anteriormente, venía del escenario y se dirigía hacía mí.
-El señor Rubiales desea conocerla.
Me quedé mirándole y asentí, yo también quería conocerle. Apuré de un sorbo la copa de vino y me dirigí al escenario, pero allí no había nadie, sólo la densa nube de humo azul que Manolo había repartido generosamente por toda la sala. Detrás de las cortinas alguien tiró de mí y me llevó hacia dentro.

martes, 1 de julio de 2008

VINO Y VERSOS (continuación)


VINO Y VERSOS (II)

Una vez hubo cerrado las puertas, una pegajosa humedad la invadió por completo. Aquello tenía más pinta de gruta que de un recibidor, no tenía ni idea de donde se había metido. Observó que a ambos lados de la pared colgaban cuatro antorchas prendidas, que iluminaba el trayecto hasta una sala contigua de la que procedían unos barullos controlados.
Estaba decidida a averiguar qué era aquel extraño sitio, tragó saliva y cuando empezó a caminar su vestido se había enganchado a algo. Una pequeña mano la agarraba por la falda y tiraba de ella. Asustada, soltó un grito involuntario. La persona que la retenía salió a la luz mostrando su rostro.
- La entrada a este local son diez euros bonita.
Era un tipo pequeño y malformado con una voz muy grave para su estatura y al que le faltaban la mitad de los dientes. Tenía un brazo más grande que el otro, pero era el pequeño el que sujetaba mi vestido.
-Sí claro, tome.- dije temblando.- Me había asustado usted.
Una sonrisa torcida de satisfacción se le dibujó en el rostro. Seguramente no era la primera vez que se lo decían.
- Buenas noches.-Dijo ya de espaldas y perdiéndose en la oscuridad.

Una cortina de cristalitos de colores la separaban de conversaciones lejanas y entretenidas. Atravesando las lágrimas coloreadas que colgaban de largos hilos que rozaban el suelo, paseó su mirada por la estancia quedando totalmente perpleja. El local, de paredes empapeladas de un rojo burdeos estaba casi en penumbra, unas pequeñas lamparitas naranjas y verdes con velas encendidas en todas las mesas, eran las encargadas de proporcionar a la sala un clima cálido y acogedor. Las mesas eran bajitas y la gente estaba sentada en la moqueta o en cojines y almohadones de color granate con bordados dorados. Avisté una mesa solitaria a la izquierda de la sala, estaba cerca del escenario y allí decidí sentarme. Una vez acomodada, llamé al camarero con un gesto de la mano. Era un hombre de piel morena y de rasgos duros con unos hombros extraordinarios.
- Hola, ¿eres nueva por aquí? No te había visto nunca.-Decía una voz a mi lado.
Era una chica desaliñada en su aspecto físico, llevaba el pelo enmarañado y sucio, unos pantalones negros roídos que no le hacían justicia y una camiseta gris de manga corta sin sujetador, masticaba chicle y olía a sudor y a sexo. Había algo raro en ella que parecía tener dos caras, una más dulce y delicada, mientras que la otra era algo más sombría. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-Sí, es la primera vez que vengo. No tiene que llevar mucho tiempo abierto este garito, porque nunca lo había visto.
-Si, ya…
En ese momento el camarero, se acercó a nuestra mesa y mirándome me preguntó, sin mediar palabra alguna qué iba a tomar.
- Una copa de vino por favor.
- Para mí un GinTonic, pero me exprimes el jugo del limón en el vaso, y le quitas la rodaja, que me gusta sentir el hielo rodar por mis labios.- Le dijo acercándose a la lamparita y guiñándole un ojo.
El camarero se la quedó mirando y luego se retiró a la barra.


Entonces me di cuenta, aquella muchacha tenía un ojo de cada color. El derecho era de un verde intenso y vivo que le dulcificaba el rostro, mientras que el izquierdo de color oscuro le daba un aire siniestro.
- Y bien, qué te trae por aquí, este no es un buen lugar…-Dijo mirando mis vestimentas y encendiéndose un porro.- para alguien como tú. No sé, se te ve sana y limpia. Por cierto me llamo Carola.
- Hoy he descubierto a mi novio pegándomela con otra tía en la cama y salí corriendo a la calle cuando encontré este local. Me llamo Ángela.
-Vaya qué desastre Ángela, me gustaría decir que es una pena, pero no lo es. Y de eso ya te darás cuenta con el tiempo.-Me comentó propinándome un manotazo de ánimo en el hombro.- Pues aquí no tienes porqué preocuparte. Creo que has venido sin querer al mejor sitio que podías encontrar. Esto es algo más que un bar, un garito, o cómo quieras llamarlo. Esto es VINO Y VERSOS, aquí la gente viene a relajarse, a dejar los problemas aparcados por unas horas y disfrutar de la poesía prohibida que encierran nuestros poetas malditos.
Cortando el hilo de misterio con el que Carola tejía la historia, apareció el camarero con una bandeja de madera dejando las bebidas en la mesa.
-Son cuatro con ochenta.
Desvié la mirada a aquella muchacha que le enviaba besos y corazones de humo al joven. Saqué cinco euros.
-Quédate con el cambio. –Le dije.
Cogió el billete y se lo guardó en el bolsillo central del delantal, luego le sacó el dedo anular a mi compañera de mesa y se fue.

Carola se acercó a la mesa de forma confidente:
- No te alarmes, era mi novio. Tiene un buen culo ¿eh? Sí, si que lo tiene.
Le dejé cuando unos tipos duros le cortaron la lengua. No está bien ir largando más de la cuenta, se lo tenía bien merecido el muy capullo. Bueno y porque el sexo ya no era lo mismo.-Dijo sin remordimiento alguno posando los labios en su vaso para beber un trago.

VINO Y VERSOS



EL VIGÍA (I)

Las estrechas calles del barrio del Borne se oscurecieron casi sin esperarlo. Algunas nubes, con propósito indefinido, colapsaban el cielo estival.
Después del calor de la tarde, un hombre de mediana edad que ha pasado el sofoco del sol en casa, sale al balcón y enciende un cigarro, mientras una brisa ligera le pasa rozando las rodillas desnudas. Abajo, en la calle, ve pasar una muchacha años más joven que él, en silencio la observa.


Para Ángela su vida sentimental había fracasado de una manera estrepitosa. Después de la infidelidad de su pareja y herida su autoestima, pasea confundida de regreso a casa. De sus ojos azules unas lágrimas negras colorean sus mejillas como unas acuarelas, sombreando sus ojeras y dando paso a un rostro líquido
Las primeras gotas de lluvia no tardaron en dejarse sentir, prosiguió la marcha a paso ligero, apoyándose con un brazo en la pared, mientras gimoteaba desconsolada. Notaba que perdía el equilibrio, sentía náuseas y que, a su alrededor, el mundo no paraba de girar y girar, dando vueltas entorno a ella, mientras que ésta, inmóvil, no conseguía despegar los pies del suelo para rotar como los demás.
La ciudad tembló al escuchar tronar el cielo y el barrio del Borne se estremeció al sentir el grito de lamento que Ángela había dejado escapar de su garganta. Arrodillada en el suelo rompió a llorar amargamente, sujetándose el pecho con los brazos cruzados y cerrando sus manos en un puño.
Una luz se iluminó sobre su cabeza, como si estuviera bendita. La lumbre no era otra que el de un pequeño farolillo de hierro negro forjado, con unos cristales muy gruesos de un color amarillento que custodiaba una enorme puerta de madera. Desarmando poco a poco su cólera, fue abriendo los puños descubriendo las palmas de sus manos ensangrentadas, se levantó y su cabeza fue a chocar con una piedra que sobresalía de la pared. Puso las manos bajo la lluvia para examinar las marcas de sus uñas en la piel. Se alisó el vestido y se recogió el cabello en un moño, se enjugó las lágrimas y dio un paso atrás.
Justo debajo del farolillo, que alumbraba el portón de madera, había un tronco abierto por la mitad y por su parte más blanca y en letras negras que parecían bailar vals, se leía:
VINO Y VERSOS.


¿Qué era aquel sitio? Había pasado por esa calle cientos de veces, y nunca había visto aquel lugar. Algo, detrás de esa puerta, la incitaba a entrar, notaba una ligera atracción a la que no quería contenerse. Buscaba un llamador, pero al no dar con ninguno, empujó suavemente la puerta que cedió con un crujido ante ella. Miró a su izquierda, luego a su derecha, no había nadie en la calle, ni un alma intranquila que vagase por esos parajes. Agarrando con fuerza una cruz de plata que colgaba de su garganta cruzó el umbral.
Fuera, la calle seguía desierta, con su lluvia. Un gato negro, que se refugiaba del agua bajo una cornisa, se lamía una de sus patas delanteras, hasta que una colilla le alcanzó y salió corriendo calle abajo.
El hombre que la vigilaba, desde un puesto más alto, había lanzado el despojo de su cigarro a la calle y poco después abandonó el balcón.

viernes, 20 de junio de 2008

COCAINE



(No te ha sentado bien la última raya, ¿Eh, chico? Ahora te duele la cabeza y te escuecen los ojos. ¿Cuántos días llevas sin dormir?
Eso, lávate la cara y empápate bien la cabeza con agua, tal vez así consigas depurar tus pensamientos.
¿Qué es eso, te sangra la nariz? Estás metido hasta el cuello chaval, no tienes más que mirarte al espejo. Das pena, por no decir que das asco, tan flacucho y amarillento.)

- ¡Déjame maldita sea! ¡Déjame en paz de una vez! ¡Llevas así tres días…déjame tranquilo por favor!

(¿Me lo dices a mí? Si bueno, no veo a nadie más, porque estás solo. Solo tio. Y como sigas gritando de esa manera te encerrarán en un loquero, y hazme caso, te aseguro que aquello no nos gustará.
Vamos hombre, la pared no tiene la culpa, deja de pegarle puñetazos. ¿Pretendes hacerle daño? No sé, tal vez esta coca te haya dado poderes ultra sensoriales, pero yo no escucho que el muro se queje…)

-¡Basta! ¡Basta, basta, basta, basta! ¡Para ya! ¡Aléjate de mí, me estás volviendo loco!

(Te equivocas pollo, el único que esta volviendo loco a alguien aquí, eres tú, con esa mierda que te metes. Además, yo sólo soy tu pensamiento, voy ligado a ti ¿Recuerdas?
Uhm… ya veo. ¿Así pretendes librarte de mí? Vamos, hazlo. Coge la cuchilla y córtate las venas. ¡Sé valiente!
Nadie te quiere, todos te han dado de lado, primero tu novia, luego tus amigos y por último tu familia. Lo has perdido todo, el trabajo, la libertad de decisión, tus proyectos, tu vida. ¿A qué esperas?
Ya sé, tienes miedo… yo estoy contigo, he sido el único que no te ha dejado tirado. Sólo tienes que coger la cuchilla…eso es, así, con cuidado. ¡Vaya! Parece que tienes práctica en esto. No es la primera vez que lo haces, ¿No es cierto?
Eh, qué haces, ¿Se puede saber qué estás haciendo? Lloras. Vamos que te pasa. ¿Te vas a asustar porque te has rajado la muñeca? Antes te sangraba la nariz y te ha dado igual.
La otra, vamos. ¡La otra muñeca también! Tranquilo, todo te parecerá un sueño, ya lo verás. Así es, no pasa nada ¿ves?
¡Qué! ¿Qué hay, dónde vas? ¿A quién llamas? Déjame adivinar… vas a llamar a la ambulancia. ¡Vas a montar una escena de todo esto! Me encantan los numeritos, prometo guardarlo en la memoria para que siempre lo recuerdes.)

Una voz triste, melancólica y angustiada se escuchaba al otro lado del teléfono. Sorbiendo lo que parecían lágrimas y con la voz congestionada contestó:
-¿Diga?
Comencé a llorar por teléfono como un crío pequeño.
- Hijo mío, ¿Eres tú?
- Mamá… Mamá necesito ayuda.

miércoles, 18 de junio de 2008

HISTORIA DE UN NAUFRAGIO


Entré en aquella sala blanca iluminada por la luz del sol que entraba a raudales por la ventana. En el centro, una mesa de color caoba presidía la habitación imponiendo respeto y un diván de color negro acompañaba la estancia. Me senté en él sin prestarle más atención que la requerida y observe los cuadros que colgaban en la pared llenos de diplomas y otros estudios. El sol que entraba en la habitación daba a mi pecho y me proporcionaba el calor suficiente para derretir todos los temores y miedos que me perseguían. Me recosté en el diván dejando mi libro a los pies y cuando estuve preparado comencé a divagar.


- Creo que nunca le he hablado de mis tiempos como tripulante en buque. Aquellos tiempos eran tan diferentes a los de ahora. Yo era un tipo duro, joven y vigoroso y derrochaba la energía como si de palabrería se tratase. Todas las mañanas antes de que la tripulación despertase corría treinta minutos de proa a popa. Era la mejor media hora de todo el día, pues me despedía de la noche y me refrescaba el aliento fresco del rocío. Hacía abdominales y flexiones para mantenerme en forma, colocaba una barra de veinte kilos entre contenedor y contenedor y hacía dominadas. Cambié mis pesas por pletinas para fortalecer mis bíceps y aún me sobraba tiempo para ducharme y desayunar.
Los desayunos dentro de un barco ya no eran como los de antes, teníamos pan, mantequilla, mermelada, café y zumo, incluso a veces había fruta y cereales y la comida no era mucho peor. Luego nos dedicábamos a los quehaceres diarios, limpiar camarotes y la cubierta, mover puntales y revisar la estiba de contenedores, tanto de cubierta como en la bodega, engrasar las máquinas, recoger cuerdas y arreglar pequeñas chapuzas. Aquel trabajo me hacía sentir todo un hombre, veía como mis músculos brillaban al sol por el sudor y me sentía poderoso.
Una noche de invierno, después de la cena, la tripulación jugaba a cartas y bebía ron como los auténticos piratas. Un bordo al que llamábamos “el manos” llevaba perdiendo toda la noche, cosa curiosa, ya que siempre tenía las mejores jugadas, era todo un experto jugando a cartas. Pues en la última apuesta, dio el todo por el todo y todo lo perdió. Cuando se retiró de la mesa para dar paso a otro tripulante, vio como su contrincante cambiaba la baraja debajo de la mesa.

-¡Ah hijo de la gran puta! ¡Has hecho trampas, estas cartas con la que estábamos jugando estaban marcadas! ¡Eres un traidor, embustero, bellaco! ¡Devuélveme todo lo que me has robado!- Le gritó con la mirada torva y enfurecido por el engaño.
-¡Jamás!-Le comentó éste- Todo lo que he ganado, lo he ganado justamente. Eres tú el que miente porque no tienes buen perder.
-¡Te cortare la lengua a pedazos –dijo mostrando su navaja y paseándola por las narices de su adversario- para que así no puedas mentir nunca más!- Cerró el puño con la navaja dentro y le
atesto un buen puñetazo en toda la napia.

-Entonces se organizó un gran revuelo, hombres contra hombres se ensalzaron en una calurosa batalla. Botellas, vasos, mesas y sillas volaban sobre nuestras cabezas sin control ninguno. Tal era el jaleo que se armó que el mismísimo capitán bajó para ver qué sucedía. Pero en tan mal momento que casi sin darse cuenta se vió atravesado por una barra de hierro en el cuello. La pelea paró de pronto. ¡Nuestro buque se había quedado sin capitán! ¿Qué haríamos ahora? ¿Adónde iríamos sin capitán! ¡Desgracia, oh qué tremenda desdicha! No hay nada peor que una tripulación sin…


-Así que dice que usted trabajaba como tripulante en un barco ¿no es así?
-Así tal cual, como se lo cuento.
-El mes anterior fue piloto de avión de la segunda guerra mundial, el mes anterior a ese, estaba trabajando secretamente para la NASA y la quería boicotear desde dentro y ahora es un simple tripulante. ¿Me dejas ver qué estás leyendo?
-¿Qué estoy leyendo de qué?
-El libro que tienes a tus pies, ¿Me dejas verlo?
-Se titula: Historia de un naufragio.
-Ya veo… sabes que hasta que no me cuentes que hacías el día en que la gasolinera en la que trabajabas salió ardiendo no saldrás de aquí ¿verdad?
-¡Yo nunca he trabajado en ninguna gasolinera, yo sólo recibía ordenes del capitán, y nuestro capitán a muerto porque las cartas estaban marcadas! ¡Dios mío que desgracia! ¡No hay nada peor que una tripulación sin capitán! ¡Estamos perdidos! ¡Vamos a la deriva, a la deriva, a la deriva, a la deriva, a la deriva, a la deriva…!


Un celador entró en la habitación y le suministró un calmante, le tendieron en la camilla y cogiéndole de la mano la médica le dijo:
-Nos vemos el mes que viene.

viernes, 13 de junio de 2008

EMBOTELLADO

“Llevo pensándote desde algún tiempo, y sé que eres tú porque has abierto esta botella, los que muchos habrán dado de lado este mensaje.
Sé que tú también buscas a esa persona que esté dispuesta a hacerte feliz, que dé su vida entera por verte sonreír, que esté dispuesta a sorprenderte constantemente y que te quiera como ninguna otra persona lo ha hecho todavía.
Estás buscando a esa persona que junto a ti, cree vuestro propio universo ajeno a este que nos rodea, que quiera explorar cada rincón de ti y que se instale sin darte cuenta en lo más profundo de tu ser. Que esa persona que estás buscando te permita ser tú mismo y te quiera por ello, que te admire como persona, que crea en ti, que nunca te corte las alas y siempre esté dispuesta a soñar contigo, que juntos de la mano hagáis el camino juntos, sin miedos, sin dudas, sin engaños, sin dolor y que esté dispuesta a luchar con el mundo y con todas sus adversidades.
Que lloréis pocas veces, pero que no falten las lágrimas, ya que también son necesarias. Y que riáis, mucho, hasta no poder más, que crezcáis y os hagáis fuerte uno al lado del otro.
Que seguro hay alguien en este mundo que busca lo mismo que tú, que esté cansado de ese sentimiento que parece amor cuando no es más que egoísmo y quiera algo bueno, bonito y duradero.
Tú que buscas, no dejes de hacerlo que yo tampoco lo haré.
Y me muero de ganas por encontrarte para hacerte feliz, para que seamos felices.”

Algo estalló dentro de mi pecho, llevaba tanto tiempo deseando escuchar lo que mi corazón no para de repetirme que no sabía qué hacer. ¿Quién me escribía esto? ¿Dónde estaba?
En el espigón, a lo lejos, encontré a una chica con una bolsa y de ella no paraba de sacar botellas de cristal que lanzaba al mar sin ton ni son. Me acerqué a ella y le pregunté:
-Niña, oye niña, ¿Por qué tiras estas botellas al mar?
-¿Ya tienes una? Tal vez debería tirarlas desde más lejos, sino todas llegarán a la orilla-dijo más bien pensando para sí, que respondiendo a mi propia pregunta.
-Bueno sí, tal vez sí-contesté mientras observaba como recogía sus cosas del espigón- pero quiero saber ¿Por qué lo haces? ¿Por qué tiras tú estás botellas? ¿Eres tú la que escribe estos mensajes? ¿Tú eres la que busca el amor que nombras en la carta?
-Sí, yo soy la que escribo estos mensajes. ¿Por qué no te ha gustado? ¿Crees que está mal?
-No, pero eres algo pequeña para mí, y para que busques un amor tan profundo como el que dices aquí…-dije mirándola extrañado, sólo podría tener unos doce años.
-Lo que intento hacer con estos mensajes es llenar de esperanza a la gente. Todos necesitamos algo en lo que creer, todos necesitamos que nos ayuden a creer en algo, yo quiero que la gente mantenga viva la esperanza ¿No te has dado cuenta de que el sexo no se define en la carta? Si esa persona realmente quisiera encontrarte dejaría una dirección, un teléfono, algo tal vez para que te pusieras en contacto con ella/ el ¿no crees?

Esto que decía me dejaba pensando, es cierto, en la carta todo el tiempo se hablaba como persona, no como hombre ni mujer y tampoco había dirección, ni teléfono.
-Pues lo único que harás es decepcionar a mucha gente.
-No lo creo, eso tú, que ya sabes la verdad, la persona que lo reciba seguirá buscando ese amor, porque sabe que alguien piensa como el/ella. ¿Tú no te has sentido querido cuando has terminado de leer la carta?
La verdad es que una gran satisfacción había estallado dentro de mí.
-Sí, algo había notado…
- Ahora, ¿Quieres ayudarme a tirar las demás botellas?




¿Qué mensaje meteríais en una botella?

miércoles, 21 de mayo de 2008

CONFIANZA

Mardo y Lis eran una pareja atípica para los tiempos que corren. Ambos lo sabían, pero por eso y más, las cosas en su relación como pareja funcionaban a la perfección, siendo sin querer, los más envidiados por unos y los más deseados por otros.
Cuando se conocieron, tanto Mardo como Lis habían aprendido de malas relaciones en el pasado. Ninguno estaba dispuesto a pasar por experiencias similares y sabían que para eso eran necesarios muchos factores que todos sabemos y que normalmente omitimos.


Sabiendo esto, Mardo y Lis se sinceraron mutuamente, y cuando Mardo expuso todo lo que tenía que decir, le tocó el turno a Lis:
- Mardo, cariño, quiero que sepas algunos aspectos de mi vida, que poco a poco irás conociendo, que no sé si con el tiempo a tu lado, yo misma pueda cambiar y ver que no necesito muchas de mis manías, pero que por ahora considero que debes tener en cuenta por lo que pueda ocurrir. ¿Estás preparado?
Mardo asintió esperanzado.
- Allá voy. Sabes que no soy una persona antisocial, pero a veces, tal vez muchas veces, necesito mi espacio. Te explico, no es que me aísle (al menos no en su totalidad) aunque si me gusta pasar algún tiempo conmigo, un tiempo en el que me escucho por dentro, que noto que sigo estando dentro de mí y que las cosas no se me escapan de las manos. ¿Te puedes hacer una idea de a lo que me refiero?
- Creo que hablas de esa vocecita interna.
- A esa misma. Pues en esos momentos, pienso, me escucho, hablo conmigo y a veces cuando me embriaga un sentimiento tan grande que no puedo por menos escucharme, escribo, escribo o dibujo, o pinto, o creo, hago y deshago según me convenga en ese momento. Por lo tanto –dije sacando de mi espalda un pequeño cuaderno- ya se que puede parecer una cursilería o una idea un tanto infantil, pero aquí escribo todo lo que me sucede. Ya sean mis temores, ideas, propósitos, ambiciones, esperanzas, pensamientos… un mundo de historias que me pasan por la cabeza.
- Bueno, todos necesitamos nuestros momentos y tengo que decirte que me parece una muy buena idea todo esto, pero… Ahora que somos pareja, pienso que tal vez también podrías comentar conmigo todo lo que quieras, todas tus inquietudes y miedos, pues no sólo estoy aquí para animarte y apoyarte en todo lo que necesites.
- Lo sé y por eso este cuaderno no nos va a separar, este cuaderno no va a estar escondido, puesto que no tengo nada que esconderte, este cuaderno no es para nada un secreto que tenga que estar en un cofre bajo siete llaves debajo de un río atado a una cadena. Este cuaderno va a estar siempre en mi mesita de noche, como pueden estar mis pendientes, una pulsera, una gomilla del pelo o el móvil. Tú y sólo tú serás el responsable de si quieres leerlo o no. Sabiendo que si lo lees no sólo estarás destruyendo nuestra confianza sino tu propia estima.
- Parece complicado.
- No tiene por qué serlo, simplemente préstale la misma atención que le prestarías a una de mis novelas que siempre suelen estar en la mesita de noche. Por mi parte, pondré gran empeño en contarte todo lo que surja para hacerte partícipe de mis sentimientos.
- ¿Prometido?
- Te lo prometo.

Lis cumplió siempre que le era posible con su promesa, no había barreras, ni tapujos entre ellos, también en parte por el profundo amor que sentía hacia Mardo, aunque cada cierto tiempo (mucho menos que antes) se iba a pasear, libreta en mano, a algún parque tirada en la hierba y cuando llegaba la hora de acostarse dejaba nuevamente la libreta en su mesita de noche.
Así transcurrieron los años, las libretas se amontonaban en la mesita de Lis y para no hacer una pila de ellas, decidió meterlas en una caja de zapatos debajo de la mesita de noche.

Aunque Mardo no sospechaba absolutamente nada de su mujer, un día decidió echarle un vistazo a alguno de esos cuadernos. Al principio un gusanillo le roía el estómago, haciéndole saber que lo que estaba haciendo no estaba prohibido, aunque moralmente se encontraba fatal.
Leyó y leyó, y se fue aficionando a leer los cuadernos de la que ya era su mujer. En ellos no había nada que hablase de supuestas infidelidades, ni hablaba de otros hombres, por hablar no hablaba ni de él, pero le parecía interesante todo lo que escribía y que él no sabía. La mayoría eran proyectos y deseos, pequeños cuentos, nada interesante, pero le fascinaba.
Lis andaba con la mosca detrás de la oreja, pues nunca se encontraba el cuaderno en la posición correcta donde lo dejaba la noche anterior, pero ella no quería creer que Mardo fuese capaz de algo así, no después de tantos años, así que para acabar con sus sospechas decide escribir algo inventado. Día tras día Lis iba escribiendo sobre un supuesto hombre misterioso que acaba cautivándola por completo y que se está debatiendo dejar a Mardo.
La trampa no tarda mucho en dar sus frutos.
Un día al llegar a casa.
- Lis, creo que tenemos que hablar. ¿Hay algo que me tengas que decir?
Ella haciéndose la tonta, hace como la que se lo piensa y luego niega con la cabeza. Entonces él le suelta lo que ella escribió la noche anterior.
- He esperado todo el día de hoy a que tú me digas algo, pero viendo que no dices nada, me temo que tengo que ser yo el que hable con sinceridad: Ayer te vi al salir del trabajo besándote con un hombre.
Lis se lleva las manos a la boca y le dice: Me temo que eso es imposible, yo no me estoy besando con otro hombre que no seas tú. Pero ya que vas a hablar con sinceridad, dime, ¿Cuánto tiempo llevas leyendo mi cuaderno? Todo esto que llevo escribiendo últimamente y que tú has ido absorbiendo como una esponja, no ha sido más que pura invención mía. Tenía sospechas de que estabas leyendo mi cuaderno y como no quería acusarte decidí que tú mismo te delataras. Pero de todas las maneras que podías hacerlo has elegido la peor. Porque en el día que empezaste a leer mi cuaderno, traicionaste nuestra confianza, pero es que además hoy, me has engañado y me has acusado libremente de algo que no he hecho, además has roto una promesa.

Y así, Lis y Mardo comenzaron el declive en su pareja. Una vez la confianza se traiciona, ¿Cómo volver a confiar en esa persona?

martes, 13 de mayo de 2008

CONTRA EL CALENDARIO (ACTO III)

TERCER CAPÍTULO
EL MISTERIOSO MISHINO


Lo había conseguido, estaba dentro del despacho de “El Gomas”, de Cristof de Village. Aunque eso de despacho tenía más bien poco, era un cuchitril que se sostenía por cuatro paredes amarillentas y sucias, con humedades en todas las esquinas y que olía a rayos. No tenía cuadros con gente famosa o de actores cotizados, tenía a las típicas tías del play boy enseñando pechuga y algunos recortes de periódicos hablando de sus obras de teatro.
El señor Cristof de Village, tenía una mesa de cartas un poco cutre y llena de boquetes de cigarrillo. Sobre ella, había restos de comida de hamburguesas, refrescos, patatas, y bolsitas con salsa de tomate. El cenicero estaba lleno de puros roídos y consumidos que vació en una papelera improvisada en uno de los rincones del despacho. Se sentó en una silla de madera con ruedas y a mi me ofreció una silla de plástico de jardín. Con toda la pasta que debería de tener, cómo podría vivir en un sitio como este- pensé- hasta mi amigo es más limpio con su piso. Y dijo que tenía mujer, eso sería porque no había visto el despacho de su marido, porque si no se quedaría más solo antes que canta un gallo.

-Muchacho, no debes de llevar mucho trabajando como actor, si no, sabrías que a un director, jamás se le puede corregir, más bien ridiculizar como lo has hecho tú. –Se levantó de la silla y quitó una revista que tenía debajo. Me miró a los ojos y se volvió a sentar tirando la revista encima de la mesa- Quiero que sepas que eso no ha estado bien y a partir de ahora tienes escasos minutos para convencerme de que te acepte en mi compañía.
Tragué saliva.
-Tengo que decirle que no tengo experiencia en este ámbito, que nunca he trabajado como actor en un teatro y que sólo me he presentado aquí por una corazonada.
La verdad es que el señor Cristof de Village parecía no escucharme y siguió asintiendo mucho después de yo haber acabado de hablar.
-¿De veras? Vaya, todo eso es increíble. Voy a ser rápido y no me voy a andar con rodeos, aquí en este espectáculo no hay sitio para uno más, tengo bastante con los que tengo y también de sustitutos estoy cubierto. Siento decepcionarte, en tal caso y para no tener que verte la cara nunca más por estos parajes…- se metió la mano dentro de la chaqueta y sacó una cartera marrón llena de papeles, fotos y recortes de periódicos- ten, mira, esta tarjeta es de un buen compañero mío que pronto estrenará una función que lo mismo te puede interesar, llámalo mañana.
-Antonino Valente- leí y miré asombrado y lleno de esperanza a aquel tipo calvo y guarrete que tenía enfrente- Muchas gracias por esta oportunidad, le aseguro que no la desaprovecharé.
Le tendí la mano para que me la estrechara y me levanté, aunque él no me soltó la mano del todo.
-¿Adonde crees que vas?
Me quedé callado y algo desconcertado por la pregunta. Iba a irme ¿dónde pretendía que fuera? –¿Puedo hacer algo por usted?- solté finalmente.
-No pensarás después de haber acusado a uno de mis actores que te puedes ir tan tranquilo sin decirme quién ha sido el inventor de mi mote.
Me puse blanco y empecé a sudar por la frente. ¿Realmente estaba esperando que le dijera quién había sido? Yo no era un acusica. Aún no había entrado a formar parte de esta gran familia que es el teatro y ya me estaba creando enemigos.
-Vera… ya no soy ningún acusica ¿Sabe?
-Ven, vamos para el escenario.

El señor Cristof de Village me llevó arrastrando desde el pasillo hasta donde estaba la compañía. Una vez allí, se desentendió de mí, subió las escalerillas y se colocó en mitad del escenario. Con un simple gesto de sus manos mandó parar la obra y que todos se reunieran en el escenario. Los miró a todos por encima del hombro, a pesar de ser más bajito que la mayoría. Fue de izquierda a derecha, con la mirada fija en cada uno de ellos. Volvió a recorrerlos una vez más por si no habían tenido suficiente, se echó a un lado y empezó a nombrar a unos cuantos, los cuales se adelantaron en la fila, yo estaba atónito, mirando desde abajo, deseando salir de allí.
Por un momento pensé que sacaría un látigo de afiladas cuchillas en los extremos y comenzaría a azotarlos como esclavos, o que cogería un bastón de madera y comenzaría a darles palos en las rodillas hasta que cayeran rendidos a sus pies delatando al culpable.
- Lali, Eric, negro, Alex y Sebastián.- se quedó pensativo mirando a uno más pero que descartó mentalmente negando con la cabeza. - ¡Muchacho!- Gritó dirigiéndose a mí- Estos cinco chicos que ves aquí delante de ti, son los más rebeldes de esta obra, o están durmiendo, o comiendo o no quieren trabajar. Unos auténticos vagos. Todos tienen algo en común, que a pesar de ser los más vagos, son los más admirados por el público y la prensa, aún así son de los que yo más desconfío. ¿El culpable se encuentra entre estos?
Los miré atentamente, aunque su cara no me había sido difícil de olvidar, hice un poquito el papel de tener que identificar al culpable. Lo encontré y lo hallé entre ellos, era el último que había nombrado. Desde luego ese hombre panzón no estaba equivocado en su criterio.
-Sí.- afirmé- y me giré para irme, antes de que alguien se me echara al cuello y me hiciese daño. Mientras pisaba la alfombra roja que me conducía a la salida, un soberano grito me hizo salir corriendo de allí.
-¡Sebastiaaaaaaaaaaán!

martes, 6 de mayo de 2008

CONTRA EL CALENDARIO (ACTO II)

SEGUNDO CAPITULO
CRISTOF DE VILLAGE



Esa misma noche, en la habitación improvisada que Antonio había preparado para mí, un colchón mullido con un somier al que le faltaban la mitad de las tablas, me puse a pensar. Mirando por la ventana la noche tóxica que me ofrecía esta ciudad, el ruido de coches era incesante y aunque me costó muchísimo conciliar el sueño, Antonio parecía totalmente acostumbrado a todo ese barullo.
Bueno, en realidad nadie dijo que esto iba a ser sencillo. Si lo pensaba detenidamente, había dejado mi trabajo en Almería para meterme a actor en Barcelona. Tenía muchos miedos y aquel maldito gato riéndose de mí delante de toda la compañía de “Cats” no me lo ponía nada fácil, hasta la luna que me miraba divertida parecía reírse de mí. No paré de darle vueltas a la cabeza hasta que el sueño terminó venciéndome.

Al día siguiente, me desperté extrañamente lleno de energía, había descansado poco, estaba nervioso y tenía nauseas, pero eso no me quitó las ganas de conseguir lo que me había propuesto la noche anterior. El teatro no quedaba más que a diez minutos del piso de Antonio, así que pude desayunar tranquilamente a pesar de ser casi la hora, me duche y me vestí, como currículo llevaba un puñado de excusas, pero con ellas intentaría hacerme un hueco en aquella compañía.
Una vez en el teatro, me quedé un rato observando como los felinos ensayaban una y otra vez diferentes escenas de la obra que harían durante dos meses en Barcelona. Delante de ellos, sentado a la mitad de la primera fila, había un hombre bajito regordete y calvo pegando gritos a diestro y siniestro.
- ¿Se puede saber en que estáis pensando? ¡Sois felinos! Arañad, maullad como gatos. Moveos ágiles, con ligereza, atentos a cualquier movimiento. ¡Eh Sebatián o arañas o te vas! ¿Me estás escuchando? Hay millones de tios que se arañarían el pecho por estar en tu lugar. Eso es, así mejor.

Supuse que ese tipo sería el director del espectáculo, ya me había acojonado, me iba a dar la media vuelta y salir por dónde había venido. Había sido un tremendo error aparecer por allí después del espectáculo que hice ayer. No tenía el valor suficiente para enfrentarme al director, parecía muy duro con sus propios chicos ¿Porqué no iba a serlo conmigo? Pero a medida que me decía esto, mis piernas ponían rumbo a la primera fila, los gatos seguían ensayando y el pasillo rojo no parecía tener fin.
-¡Esos focos! ¿Quién coño esta al mando de esto? ¿Qué quieres ser mi ruina? Deja de apuntarme con el foquito de los demonios, apunta al escenario que es donde tiene que estar. Como tenga que subir allí arriba te vas a tragar el foco y despedirás luz por el culo.-Dijo aquel tipo escupiendo salivajos por todos lados.- ¿Y tú que coño miras?

¿Me lo estaba diciendo a mí? Me giré atrás y a los lados y me señalé con la mano derecha apuntándome al pecho.
-Sí, es a ti estúpido. La función es esta noche, no intentes colarte por la cara porque te echo del teatro a patadas y me importa un carajo quién coño seas, cuando yo estoy dirigiendo mi espectáculo ni las moscas zumban.
Tragué una bola de saliva que llevaba acumulando en la boca desde hacía tiempo.
-Su, su… supongo que usted tiene que ser El Gomas.
La compañía se paró en seco y con un chasquido de dedos un foco me alumbró directamente a los ojo.
-¿Cómo dices chaval? Ven aquí que te vea la cara. Hay que tener los huevos muy gordos para llamarme así, y todavía no ha existido persona en esta tierra que tenga tanta cara para ponerme apodo. ¿Sabes acaso con quién estás hablando?
-Verá, señor Gomas, me llamo Héctor Balboa, ayer noche estuve viendo su magnífico espectáculo, tengo que decirle que me encantó, fue algo maravilloso, no había visto nada igual en mi vida…
-Mira papanatas, vamos a dejar las cosas claras, aquí el que habla soy yo y si quiero criticas de mi obra ya tengo al New York Times y a verdaderos expertos que me critican. Creo que este ha tenido que ser el primer espectáculo que ves en muchos años chaval. ¿Me equivoco? No me cuentes tu vida porque no me interesa, quiero saber porque coño me has llamado Gomas y porqué sigues haciéndolo con ese descaro impertinente, y quiero que sea pronto que tengo que seguir ensayando o serás tú quién pague a estos gatos.


El tipo este estaba consiguiendo que cada vez me pusiese más tenso, una gota de sudor brilló en mi frente por culpa del foco, deseé que se le fundiera la bombilla. Me acerqué despacio un poco más hacia el director.
- Uno de sus felinos me dijo que pasase hoy por aquí sobre esta hora que “El Gomas” me entrevistaría.
El felino que me lo dijo empezó a hacerme gestos de que me mataría en cuanto pudiese.
-Así que uno de mis felinos-dijo girándose a la compañía- me ha puesto mote y lo tengo que descubrir por este gilipollas. ¿Quién es el valiente que se atreve a eclipsar a Cristof de Village con ese mote tan vulgar?-esperó varios segundos, pero nadie salió a dar la cara- ¡Todos en fila! Rocky, ya que ninguno de estos mininos, porque no se les puede llamar felinos, no quiere salir y dar la cara, serás tú con tu dedo acusador quién delate al culpable. ¿Quién ha sido?
-Me llamo Héctor.
-A mi eso me da lo mismo Rocky. Y ahora dime quién ha sido.
-Oiga señor de Village, no pienso decirle quién ha sido hasta que me entreviste, yo tampoco tengo ganas de perder el tiempo, soy un gran actor y muy cotizado para su información, tengo muchos espectáculos en los que actuar y no estoy aquí para aguantar que nadie me insulte y menos Homer Simpson. Que ya que le ponen mote que sea uno con razón.

Los felinos se llevaron la mano a la boca, unos abrieron muchísimo los ojos y otros exclamaron un “¡ah!” que flotó desde el escenario hasta el pasillo central donde yo me encontraba, paseándose y llenando todos los huecos del teatro. El que se encargaba de las luces, cambió su foco blanco por uno de color rojo con el cual parecía sentenciar mi muerte. El tiempo parecía haber desaparecido del reloj, todo se quedó en silencio, un suspense que me mantenía en vilo. Por dentro creí desfallecer, ¿Le había llamado en voz alta Homer Simpson? ¡Homer Simpson! Mi primera entrevista e insulto al director de la obra comparándolo con un personaje de animación. No sé en que estaba pensando.
Pero eso sólo era por dentro, por fuera me quedé tieso, desafiante al peligro, sin miedo alguno, sin titubeos. Echándole rostro a ese Cristof de Village. ¿Quién se creía él que era?
-Ja, ja, ja. Homer Simpson. Al final tendrá razón mi mujer. Nos reímos mucho cuando me compara con él. Dice que cuando no estoy trabajando me dan las horas en el sofá comiendo patatas mojadas en salsa ranchera y bebiendo cerveza. ¡Y tiene razón!- ahora se le cambió el semblante de la cara por completo y se puso muy serio.- Pero la razón la tiene mi mujer y no un mequetrefe como tú. Que vienes aquí, alabas mi obra pero me insultas y te mofas de mí delante de mi compañía, esto sólo lo harás una vez y será la última, porque nadie pone en ridículo a Cristof de Village. Vosotros seguid ensayando y tú Conan, ven conmigo.
- Me llamo Héctor.
-Si, sí, como quieras, vamos al despacho.

miércoles, 30 de abril de 2008

CONTRA EL CALENDARIO (ACTO I)

CAPITULO PRIMERO


Ahora que ya sé el final de esta historia, me encuentro preso entre la realidad y la memoria. Entre el antes y el ahora hay un oscuro océano, una historia que me ha cambiado la vida por completo, que ha variado mi rumbo saliéndome de los límites impuesto. He sido el capitán de una embarcación que no he sabido manejar, dejándome llevar por las mareas, metiéndome en aguas turbulentas, en insaciables mares de pasión, en profundos océanos inexplorados, me he adentrado tanto que no vi llegar el desastre que se anunciaba con grandes señales. Y me encontré de lleno con el maremoto que destrozaría mi pequeña balsa en la que navegaba siguiendo el rumbo de las cambiantes aguas. Mi embarcación sin tripulantes, dónde yo era capitán, marinero, grumete y esclavo, está destrozada, hundida en el fondo del mar, hecha astillas, con todos mis tesoros y secretos navegando solos e incontrolables, a la deriva en un mar de lamentos. Ahora, después del naufragio estoy irreconocible, parece ser que me he vuelto loco o al menos eso quiero creer, no sé quién soy, ni lo que quiero, ni adónde voy. Sólo sé que estoy abrazado a un pedazo de madera que me lleva con un ligero vaivén hasta un lugar apartado lejos del desastre.
Los últimos dos años los he pasado edulcorados, embadurnados con miel y azúcar de caña. He vivido tanto ese sueño que ahora me cuesta mucho despegarme de el y hacerme a la idea de que tengo que salir yo solito, quitándome los empalagosos ropajes rosados con baños de amarga hiel y vinagre, escociéndome por todos lados.

Ésta historia da comienzo hace un par de veranos, por ese entonces yo tenía veintisiete años. Ese mismo verano pedí una excedencia en el trabajo por espacio de unos meses para poder sanearme un poco las ideas, quería, más bien necesitaba un cambio de aires, algo diferente que estar mecanografiando todo el día en un despacho de paredes grises. Con lo ahorrado y con las vacaciones ya a la vista puse rumbo a Barcelona, pensé que tal vez allí podría encontrar un trabajo más próspero o incluso oportunidades nuevas y sin ton ni son cogí el primer vuelo que me llevaría a la Ciudad Condal.
Tenía un amigo allí, que me dejó por un módico precio al mes, alojarme en su piso de alquiler todo el tiempo que necesitase hasta aclarar mis dudas. Lo cual me pareció correcto porque durante un par de meses Antonio sería mi guía personal y profesor particular de catalán. Ya que estaba allí podría aprovechar y aprender la lengua.
Antonio estaba en un piso de alquiler al final del Paralelo, una zona bastante cerca del centro de la ciudad, con mucho movimiento de coches, bares, restaurantes, hoteles, bingos, parking…
Un viernes a la noche y cuando Antonio terminó su jornada laboral, decidimos ir a ver una obra de teatro. Mi primera obra de teatro en Barcelona. Me asombré al enterarme de que había más de un teatro en aquella ciudad, incluso musicales. Pensé por un momento que tal vez Barcelona fuese como Broadway.
-No, Héctor, esto no es Hollywood.
-Estaba pensando en Broadway.-dije entre risas.


Sentado allí en la butaca y cuando las luces se hubieron apagado, me quedé maravillado contemplando todo aquel espectáculo.“Cats” se llamaba, y unas cosquillas removieron mi interior, como miles de mariposas revoloteando por todo mi yo.
Mi madre siempre me había dicho desde muy pequeño que tenía un talento innato para dramatizar, siempre decía que de todo hago una escena, un numerito en el que yo tengo siempre el papel principal. ¡Teatrero!-me decía- y no importa si el papel no lo has estudiado es que te sale de dentro hijo mío.
Así que al terminar la obra, esperé sentado hasta que la gente hubo marchado, no tenía muy claro que es lo que iba a hacer ni porqué, pero algo en mi interior me empujaba a hacerlo. Salté por encima del escenario y estuve buscando entre bastidores a algún artista de la pista. Para cuando los encontré estaban todos quitándose sus pinturas y vestiduras de gato en una enorme habitación, que a simple vista parecía estar totalmente desordenada. Había baúles llenos de ropa y zapatillas, cajas repletas de maquillaje, instrumentos, luces, focos y cables por todos lados. Se escuchaban aplausos, risas y copas brindando. Cogí a uno de los felinos por el brazo y le comuniqué que me gustaría hablar con el responsable de allí.
-¿Perdón? ¿Te estas refiriendo al director del espectáculo?
-Si… bueno, me refería al que manda aquí, al que parte el bacalao.
- El que parte el bacalao… ¡Eh! Gatitos, escuchad a este, que dice que quiere hablar con “El Gomas”.
La gente atolondrada se me quedó mirando y yo noté ruborizarme, mucho quizás, porque la gente estalló en carcajadas señalándome con el dedo. Finalmente estaba a punto de salir por la puerta cuando el felino que me ridiculizó delante de todos los allí presentes me silbó.
-Eh tú, espera no te vallas, eres guapo y alto, lo mismo le puedes interesar al jefe. Pásate mañana a eso del mediodía, lo encontrarás por aquí. Y trae un currículo espabilao. Ahora largo de aquí. ¡Vete!

Aunque avergonzado salí del teatro bastante esperanzado con lo que había hecho. Sólo tenía un problema, yo nunca había actuado en un escenario, ni tengo una carrera como actor, ni siquiera he ido a una escuela a aprender a ser una bota. Me temblaron las rodillas y un brazo amigo me rodeo por el cuello.
-Tío, ¿que hacías allí dentro? Los lavabos están aquí fuera…
-He ido a buscar trabajo.
-¿Dónde en un teatro? ¿Qué quieres ser acomodador?
-Antonio quiero ser artista.
No sabría explicar la cara que puso mi amigo al enterarse de esta noticia.
-Me estás tomando el pelo.
-No.-dije muy serio.
-Bueno, y en ese caso ¿Qué ha sucedido? ¿Qué te han dicho?
-Mañana tengo una entrevista.