miércoles, 28 de mayo de 2008

MEMORIAS DE CLEOPATRA => TOLOMEO XII

Me parece demasiado apasionante la historia de Cleopatra como para no hacer un pequeño resumen de lo leído. Pequeño resumen de tres libros de 600 páginas cada uno, así que el resumen no será tan pequeño. En este resumen, por supuesto opino bajo mi punto de vista y de lo leído al respecto. Está escrito por mí y la verdad que para lo negá que soy en algunas cosas, la historia (siempre que me haya interesado) se me ha quedado grabada en la memoria a fuego, así que sólo he tenido que tomar algunas referencias con respecto a los números, pero lo demás es escrito de las yemas de mis dedos. Espero que lo disfruteis y os apasione tanto como a mí.

TOLOMEO XII




Tolomeo XII conocido como “Auletes” “El flautista” Desde mi punto de vista y por lo que he podido leer (aquí ya cada uno saca sus propias ideas) Tolomeo XII no es que fuese un mal rey, que también, pero me da a mi en la nariz que este personajillo borrachín, amante de las juergas, la música y la poesía, era más bohemio que gobernante. Tolomeo XII se casó con Cleopatra V de la que no se sabe mucho, aunque podría ser su hermana debido al largo linaje de los Lágidas, que no eran Egipcios, sino Macedonios y que estaba permitido el matrimonio entre hermanos. Este largo linaje de los Lágidas Macedonios, comenzó a gobernar en Egipto justo después de la muerte de Alejandro Magno.

Tolomeo XII tuvo seis hijos: la mayor Cleopatra VI, Berenice IV, Cleopatra VII, Tolomeo VIII, ArsioneIV y el menor de todos Tolomeo XIV.

Tolomeo XII tuvo muchas dificultades para gobernar Egipto debido al pasado de su familia, ya que su predecesor, Tolomeo XI dejo un manuscrito en el que decía que éste legaba el reino de Egipto a los romanos. Los cuales no dudaban de hacérselo saber repetidas veces al pequeño y pintoresco Auletes. Este compró a Julio César con 6.000 talentos para que aprobara una ley en que hacía a Tolomeo XII legítimo de Egipto. Aunque en tal acuerdo no incluía Chipre, en el que gobernaba su hermano, que al no plantar cara a los romanos, se suicidó.

El pueblo Egipcio al enterarse de la noticia se echó encima de Tolomeo XII y éste volvió a Roma para negociar con los senadores mediante sobornos que le obligó a aumentar los impuestos en Egipto y tener deudas con prestamistas romanos.

Por eso digo que no tuvo nada fácil su reinado, pero ahí no acaba la cosa…

Con la promesa de pagar 10.000 talentos consiguió el apoyo de Gabinio de Siria y de su amigo Pompeyo, los cuales le devolvieron el trono y un ejercito romano que se dirigían bajo orden de Marco Antonio.

Pero cual fue la sorpresa de Tolomeo XII, nuestro Auletes, que después de luchar tanto para que Egipto quedara limpia de manos de los romanos y poder gobernar en él con sus leyes y en libertad, se encuentra con la muerte de su hija Cleopatra VI, supuestamente (y digo supuestamente porque no se sabe a ciencia cierta) asesinada por envenenamiento a manos de su otra hija Berenice IV, que gobernaba Egipto en la ausencia de su padre. Auletes para recuperar el trono Egipcio que tanto dinero y trabajo le había costado, combatió con el ejercito romano que le había proporcionado Gabinio, ya que Berenice estaba totalmente desarmada, y por lo tanto, venció.

Berenice IV fue decapitada públicamente para el pueblo y bajo la mirada de sus hermanos Cleopatra VII, Tolomeo XIII, Arsinoe IV y Tolomeo XIV.

De tal victoria, el rey Tolomeo XII festejó un banquete por todo lo alto invitando al ejercito romano con el que batalló contra su hija Berenice IV, al cual también estaba invitado el joven Marco Antonio de sólo veinticuatro años. Cleopatra VII aún era muy joven para asistir a un banquete, la ley se lo prohíbia hasta los dieciocho, pero con su perspicacia e inteligencia consiguió convencer a su padre y éste accedió a sus súplicas.

En ese banquete conoció a Marco Antonio, el cual con sólo catorce años quedó prendado de la aún niña Cleopatra por su ingenio y su manera de disculpar el ridículo de su padre, que nuevamente gracias al efecto del vino de Quíos se convirtió en Auletes y comenzó a danzar y a tocar la flauta, destrozando así la reputación Tolemaica ante los romanos, ya que, la danza no estaba bien vista por este pueblo.

Cuatro años más tarde, Tolomeo XII fallece dejando como reina de Egipto a su hija mayor Cleopatra VII, de dieciocho años, la cual para gobernar se tendría que casar con su hermano mayor Tolomeo XIII, de apenas once. Herederos del reino de Egipto bajo la custodia romana.

RESUMEN DE: MEMORIAS DE CLEOPATRA I-LA REINA DEL NILO. MARGARET GEORGE

martes, 27 de mayo de 2008

MENTIRAS

“Las palabras tienen la virtud de regresar en los momentos menos oportunos.”

Eso he leído por ahí y me parece una gran verdad. Hoy, después de dos años de absoluto silencio he conseguido decir a una persona una verdad que me llevaba pesando mucho tiempo. Una cosa menos en la mochila. He necesitado dos años, hubiese querido que fuese menos, pero esa persona no tenía ganas de escucharme, por lo tanto, hasta hoy no me ha dado la oportunidad de hablar, explicarme o excusarme.
Y es que una mentira, es una mentira y siempre duele.

Hay quién prefiere llamarla “omisión de la verdad” que suena mucho más bonito pero que a fin de cuentas viene a ser exactamente lo mismo. Y haciendo referencia a la cita anterior, tengo que decir que, ésta no ha llegado en un momento inoportuno. Al revés, debería haber llegado mucho antes.

Me siento orgullosa de mí, por haber contado toda la verdad sin necesidad de omitir ni el más mínimo detalle, me siento bien conmigo misma, aunque no por eso deja de existir el engaño que ha habido desde hace tanto tiempo. El daño ya está hecho, y ahora se ha intentado reparar y parece que al responder todas las preguntas con completa sinceridad he conseguido el perdón que tanto necesitaba.

La historia ha terminado con final feliz, aunque para otros no ha hecho más que empezar su calvario, pero eso a mi ya no me perjudica. Es todo un alivio decir la verdad. ¡Lo bien que te quedas! Y me alegro que me hayan perdonado. Poco a poco se van arreglando las cosas del pasado, ese cabo que quedaba suelto ya queda atado y es como un empujoncito para seguir adelante.

Pero como te digo una co, te digo la o (como dice Sabina) Cierto es que deberíamos ser más sinceros los unos con los otros, nos ahorraríamos muchos quebraderos de cabeza y malos entendidos, aunque tampoco creo necesario ser totalmente sinceros. La verdad en su justa medida, no a todo el mundo le gustan las verdades, hay muchos a los que se les atraganta.

Voy a dejar esta otra cita que me ha dado mucho qué pensar y quién sabe, lo mismo alguno se atreve a decir alguna verdad hoy.


La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

domingo, 25 de mayo de 2008

LUNES

Me encuentro en un lugar infinito, a mí alrededor todo es de color gris y detrás de mí hay una pieza gigante de Lego que invita a sentarse. Lo hago, me siento en el centro de la pieza gigante de Lego con forma rectangular y desde ahí, veo pasar una jirafa adulta de color gris con lunares verdes y violetas acompañada de su hija. La cría, que puede medir, menos de la mitad de lo que mide su madre, me mira y me guiña un ojo, yo saludo a las dos con la mano. ¡Holaaa! Les grito. Pero a la jirafa adulta no parece gustarle mi saludo y turbada sale corriendo enfurecida hacia mí. Preso del pánico me paralizo y sólo consigo taparme los ojos con las manos. Después de un tiempo prudente, retiro las manos de mi vista, pero la jirafa y su cría se han esfumado.

El ruido de un motor me saca de mi ensimismamiento, viene desde lejos aproximándose un poco más a mí. Es una avioneta de color amarilla que surca el cielo con unas grandes y enormes hélices de color blanco. Parece que algo lanzan de su interior. Me pongo de pié encima de la pieza rectangular de Lego y alzo los brazos al cielo. Algo baja en un ridículo paracaídas en miniatura. Es una botella de agua. ¡Bien, con la sed que tenía!
Tras un buen rato intentándolo, no consigo abrir la botella que contiene el agua fresquita en su interior. De repente un sol abrasador se coloca en lo más alto y unas dunas de arena se forman delante de mí. Hace tanto calor y tengo tanta sed…




Una cinta transportadora aparece entre duna y duna y termina a unos metros de donde yo me encuentro. Sobre ella aparece una silueta, femenina. Una cabellera rubia y rizada de ojos verdes y rojos labios se acerca sigilosamente hacia la pieza gigante de Lego. De un salto bajo de ella y me quedo esperando la llegada de la mujer.
Me sonríe, le sonrío. Tiene una boca perfecta. Pero enseguida se quita el bonito vestido blanco que la viste. Su desnudez provoca en mí una joven erección, ella también parece tener calor, -pienso para mis adentros- pero sale rebotado por todo el desierto y ella lo llega a escuchar. Me ruborizo. La hermosa chica se muerde el labio inferior y me quita la camiseta. Huele a frutas maduras y flores frescas. Me inclino a besarla, pero ella me lo niega señalándome los pantalones. Me los quito y los lanzo a una duna, los dos estamos completamente desnudos, hace mucho calor y continúo teniendo sed.
Despacio, muy despacio la chica se acerca a mi, alarga sus brazos y con sus blancas y finas manos oliendo a sabrosos manjares me besa un ojo y luego el otro, se separa de mí aunque sigue sosteniendo mi cara. Despego los ojos de los sellos que dejaron sus besos, coge la botella de agua y con un giro de muñeca la abre y me la entrega.
Mientras bebo el agua limpia, cristalina y pura que contiene la botella, la chica rubia se despide de mí lanzando dulces besos con la mano, mientras se aleja nuevamente en la cinta.

La cinta, las dunas y el sol desaparecen y un bip-bip incesante resuena en todo aquel lugar infinito de color gris que me rodea. ¿Qué es eso? ¿Qué está pasando?
Todo se va desvaneciendo, poco a poco me veo alejándome de mí. Todo se acaba.
Abro los ojos. El reloj de la mesita de noche marca las 07.45 hoy es lunes, comienza la semana.

sábado, 24 de mayo de 2008

FREE ANGELA

TODOS LOS HECHOS AQUÍ RELATADOS SON AUTÉNTICOS Y VERÍDICOS.

Una vez más he sobrevivido a la muerte oscura que es la noche y he visto renacer un nuevo día al alba. Alba que ha amanecido tan oscuro como la propia noche.
Un gris acuoso se cernía sobre el cielo de Barcelona, dejando pequeñas neblinas en lo más alto del cementerio de Montjuïc y regando tristeza en toda la ciudad.


Se había pasado toda la noche lloviendo esporádicamente, esa lluvia finita que parece que no, pero empapa, y en cierto modo, tanto me daba ya mojarme un poco más, pues tenía toda la ropa húmeda. Cogí mi bicicleta, mis cascos y puse rumbo a Hospitalet.
La verdad, estaba cansada de haber trabajado toda la noche y ver que el tiempo no acompañaba me daba pereza llegar hasta mi casa, pero a mitad de camino, cuando ya estaba saliendo del puerto, se puso a llover.
Pero no me rendí, seguí pedaleando con más ganas aún, incluso el pequeño tramo de autovía por el que tengo que pasar cuesta arriba lo superé con grandiosa agilidad. Sentía los pantalones mojados en mis muslos, la camiseta de manga corta pegada a mi pecho, el pelo chorreando hasta mis hombros y el agua resbalándome por la cara.
Luego todo fue cuesta abajo, la pequeña brisa que se producía en mi bajada me alborotaba el pelo y mi respiración agitada iba en descenso, entonces me dio la risa.


Hice una parada en la zona franca cerca de una casa de automóviles, alcé el cuello hacia arriba, abrí la boca queriéndo atrapr todas las gotas de agua y con las manos me eché el pelo hacia atrás. Un hombre que trabajaba en la obra se acercó a mí y me ofreció su chubasquero, me asusté un poco, pero lo rechacé de buen grado y proseguí mi camino.
Me sentía viva y me sentía con ganas de hacérselo saber a todo el mundo, me estaba mojando, había trabajado toda la noche, el día era gris, pero me sentía feliz, algo bonito explotaba dentro de mi pecho, una gran emoción emergía de mi interior y no sabía cómo pararla. Me puse a cantar, más bien a chillar, a mover los brazos, las piernas… y la música que entraba por mis oídos me embotaba la cabeza de buenos ritmos (Escuchaba Facto Delafé y las flores azules)


Por supuesto hay lluvias y lluvias, no es lo mismo una tormenta en pleno invierno, soplando el poniente y con un frío que pela a -4 o -5 grados, que una tormenta de primavera a 18º, sin viento y oliendo a flores por casi todo el camino, no es lo mismo.
Fue al entrar en Hospitalet cuando la lluvia cesó y con ello gran parte de mi alegría, no quería que ahora que estaba a punto de terminar mi camino la lluvia parase, deseaba con todas mis ganas que siguiera lloviendo, pero con las ganas me quedé.

Entonces me fijé en la gente, que me miraba de una manera extraña. Desde luego no era para menos, cuando llegué a casa me puse en el punto de vista de los demás, un chica joven las ocho y media de la mañana, con unos pantalones verde hierba y un chaleco reflectante amarillo, mojada de pies a cabeza, gritando por la ciudad con los pelos de loca y pedaleando bajo la lluvia. Escapada de un psiquiátrico por lo menos, incluso yo lo pensaría de mí. Pero dejé los prejuicios para ellos y yo me quedé con mi emocionante y pasado por agua trayecto en bicicleta.

Ahora estoy en el sofá, recién duchada con la toalla todavía en la cabeza y desayunando un bol de cereales con chocolate (que bien merecido lo tengo) he abierto un poquito la ventana para dejar entrar los olores de las flores que desprende la casa-jardín de al lado. Y en estos momentos pienso que el ser humano es extraordinario, pienso que a veces yo también soy extrañamente extraordinaria y que hasta yo misma consigo sorprenderme una vez más.
Son las 9.56 y hoy no me pienso dormir sólo porque tenga que hacerlo, voy a dormir sólo cuando tenga ganas de soñar, mientras tanto seguiré aquí, abrazada a mi cojín de lunas y estrellas mirando por la ventana cómo llueve.



jueves, 22 de mayo de 2008

ORFEO Y EURIDICE

Orfeo es uno de los héroes griegos más conocidos, músico, poeta, filósofo, amante y protagonista de diferentes historias que han pasado de boca en boca desde los Días Antiguos hasta la actualidad, a través de los siglos y los siglos.

Cuentan que cuando Orfeo tocaba no sólo los hombres, animales y dioses se quedaban embelesados escuchándole, sino que incluso la Madre Naturaleza detenía su fluir para disfrutar de sus notas, y que así, los ríos, plantas y hasta las rocas escuchaban a Orfeo y sentían la música en su interior, animando su esencia.

Con tantas cualidades, no era de extrañar que las mujeres le admiraran y que tuviera no pocas pretendientes. Eran muchas las que soñaban con yacer junto a él y ser despertadas con una dulce melodía de su lira al amanecer. Muchas que querían compartir su sabiduría, su curiosidad, su vitalidad.

Pero sólo una de ellas llamó la atención de nuestro héroe, y no fue otra que Eurídice, quien seguramente no era tan atrevida como otras y puede que tampoco tan hermosa... pero el amor es así, caprichoso e inesperado, y desde que la vio, la imagen de su tierna sonrisa, de su mirada brillante y transparente, se repetían en la mente de Orfeo, que no dudó en casarse con ella. Zeus, reconociendo el valor que había demostrado en muchas de sus aventuras, le otorgó la mano de su ninfa, y vivieron juntos muy felices, disfrutando de un amor que se dice que fue único, tierno y apasionado como ninguno.

Quiso el destino que el pastor Aristeo quedara también prendado de Eurídice, y que un día en que ésta paseaba por sus campos, el pastor olvidara todo respeto atacándola para hacerla suya. Nuestra ninfa corrió para escaparse, con tan mala fortuna que en la carrera una serpiente venenosa mordió su pie, inoculándole el veneno y haciendo que cayera muerta sobre la hierba.

No hubo lágrimas suficientes para consolar el dolor de Orfeo, y una noche de las muchas que pasó en vela llorando a su amada, decidió que si hacía falta, descendería él mismo a los infiernos de Hades para reclamar a Eurídice. Fue un viaje duro, tuvo que enfrentarse al guardián de las puertas de los Infiernos, Kancerbero, quien a punto estuvo de atacar pero que finalmente respondió a la música de Orfeo como otros tantos animales habían hecho anteriormente. Así fue como nuestro músico se internó en el submundo, sin cesar de tocar y de cantar su tristeza.

Cuentan que el mismo Hades se detuvo a escucharle, que las torturas se interrumpieron, que todos encontraron un momento de paz en la visita de Orfeo. Sísifo, condenado a subir una piedra hasta la cumbre de la montaña una y otra vez, detuvo su marcha; los buitres que torturaban a Prometeo desgarrando sus entrañas se posaron en el suelo y Tántalo, quien jamás podría saciar su hambre o su sed, rompió a llorar olvidando sus necesidades. Y los Señores del Infierno, Hades y Perséfone, quedaron conmovidos por la belleza del canto de Orfeo.

Así, decidieron devolver a la vida terrenal a Eurídice, con la condición de que ésta caminase detrás de Orfeo en el viaje de vuelta al mundo de los vivos, y que éste no mirase atrás ni una sola vez hasta que no estuvieran en la superficie. Y ambos emprendieron la marcha.


El viaje fue difícil, lleno de penurias. Si la bajada al Hades había costado, el ascenso fue aún peor. Eurídice seguía herida y débil, y las sombras se cernían sobre ellos amenazadoras, el frío se colaba en sus huesos, los tropiezos eran cada vez más frecuentes. A punto ya de llegar a la salida, cuando los primeros rayos de luz traspasaron las sombras, Eurídice dejó escapar un suspiro aliviada, y Orfeo olvidó la orden de Hades y miró hacia atrás por un instante. Entonces su amada empezó a desvanecerse, pues la condición impuesta había sido violada, y aunque Orfeo se lanzó sobre ella en un abrazo que la retuviera, no fue más que aire lo que estrechó entre sus brazos.

Orfeo intentó entonces descender de nuevo al Hades, pero Caronte, el barquero de la laguna Estigia, le negó la entrada, y ambos apenas pudieron despedirse con una mirada a través de las aguas. Y aunque esperó Orfeo siete días con sus siete noches en el margen del lago, acabó viendo que era demasiado tarde para enmendar su error, y marchó a vagabundear por los desiertos, sin apenas probar bocado, acompañado sólo por su lira y su música.

Tiempo después, Orfeo tendría un triste final, y acabaría siendo descuartizado y los trozos de su cuerpo, divididos y esparcidos. Su cabeza les llegó a las Musas a la costa de Lesbos, navegando por el río, según se dice, aún moviéndose sus labios llamando a Eurídice, y fue allí donde las musas la recogieron y le dieron sepultura.


TUS PEORES VIRTUDES

COBARDE MENTIROSO ENGREÍDO ORGULLOSO SOBERBIO ALTANERO ARROGANTE



TU ARROGANCIA ME MOLESTA
TU ALTANERIA ME FASTIDIA
TU SOBERBIA ME INCOMODA
TU ORGULLO ME CANSA
TU ENGRÍA, LA ODIO
TU MENTIRA ME DUELE
TU COBARDÍA ME ENFURECE

miércoles, 21 de mayo de 2008

CONFIANZA

Mardo y Lis eran una pareja atípica para los tiempos que corren. Ambos lo sabían, pero por eso y más, las cosas en su relación como pareja funcionaban a la perfección, siendo sin querer, los más envidiados por unos y los más deseados por otros.
Cuando se conocieron, tanto Mardo como Lis habían aprendido de malas relaciones en el pasado. Ninguno estaba dispuesto a pasar por experiencias similares y sabían que para eso eran necesarios muchos factores que todos sabemos y que normalmente omitimos.


Sabiendo esto, Mardo y Lis se sinceraron mutuamente, y cuando Mardo expuso todo lo que tenía que decir, le tocó el turno a Lis:
- Mardo, cariño, quiero que sepas algunos aspectos de mi vida, que poco a poco irás conociendo, que no sé si con el tiempo a tu lado, yo misma pueda cambiar y ver que no necesito muchas de mis manías, pero que por ahora considero que debes tener en cuenta por lo que pueda ocurrir. ¿Estás preparado?
Mardo asintió esperanzado.
- Allá voy. Sabes que no soy una persona antisocial, pero a veces, tal vez muchas veces, necesito mi espacio. Te explico, no es que me aísle (al menos no en su totalidad) aunque si me gusta pasar algún tiempo conmigo, un tiempo en el que me escucho por dentro, que noto que sigo estando dentro de mí y que las cosas no se me escapan de las manos. ¿Te puedes hacer una idea de a lo que me refiero?
- Creo que hablas de esa vocecita interna.
- A esa misma. Pues en esos momentos, pienso, me escucho, hablo conmigo y a veces cuando me embriaga un sentimiento tan grande que no puedo por menos escucharme, escribo, escribo o dibujo, o pinto, o creo, hago y deshago según me convenga en ese momento. Por lo tanto –dije sacando de mi espalda un pequeño cuaderno- ya se que puede parecer una cursilería o una idea un tanto infantil, pero aquí escribo todo lo que me sucede. Ya sean mis temores, ideas, propósitos, ambiciones, esperanzas, pensamientos… un mundo de historias que me pasan por la cabeza.
- Bueno, todos necesitamos nuestros momentos y tengo que decirte que me parece una muy buena idea todo esto, pero… Ahora que somos pareja, pienso que tal vez también podrías comentar conmigo todo lo que quieras, todas tus inquietudes y miedos, pues no sólo estoy aquí para animarte y apoyarte en todo lo que necesites.
- Lo sé y por eso este cuaderno no nos va a separar, este cuaderno no va a estar escondido, puesto que no tengo nada que esconderte, este cuaderno no es para nada un secreto que tenga que estar en un cofre bajo siete llaves debajo de un río atado a una cadena. Este cuaderno va a estar siempre en mi mesita de noche, como pueden estar mis pendientes, una pulsera, una gomilla del pelo o el móvil. Tú y sólo tú serás el responsable de si quieres leerlo o no. Sabiendo que si lo lees no sólo estarás destruyendo nuestra confianza sino tu propia estima.
- Parece complicado.
- No tiene por qué serlo, simplemente préstale la misma atención que le prestarías a una de mis novelas que siempre suelen estar en la mesita de noche. Por mi parte, pondré gran empeño en contarte todo lo que surja para hacerte partícipe de mis sentimientos.
- ¿Prometido?
- Te lo prometo.

Lis cumplió siempre que le era posible con su promesa, no había barreras, ni tapujos entre ellos, también en parte por el profundo amor que sentía hacia Mardo, aunque cada cierto tiempo (mucho menos que antes) se iba a pasear, libreta en mano, a algún parque tirada en la hierba y cuando llegaba la hora de acostarse dejaba nuevamente la libreta en su mesita de noche.
Así transcurrieron los años, las libretas se amontonaban en la mesita de Lis y para no hacer una pila de ellas, decidió meterlas en una caja de zapatos debajo de la mesita de noche.

Aunque Mardo no sospechaba absolutamente nada de su mujer, un día decidió echarle un vistazo a alguno de esos cuadernos. Al principio un gusanillo le roía el estómago, haciéndole saber que lo que estaba haciendo no estaba prohibido, aunque moralmente se encontraba fatal.
Leyó y leyó, y se fue aficionando a leer los cuadernos de la que ya era su mujer. En ellos no había nada que hablase de supuestas infidelidades, ni hablaba de otros hombres, por hablar no hablaba ni de él, pero le parecía interesante todo lo que escribía y que él no sabía. La mayoría eran proyectos y deseos, pequeños cuentos, nada interesante, pero le fascinaba.
Lis andaba con la mosca detrás de la oreja, pues nunca se encontraba el cuaderno en la posición correcta donde lo dejaba la noche anterior, pero ella no quería creer que Mardo fuese capaz de algo así, no después de tantos años, así que para acabar con sus sospechas decide escribir algo inventado. Día tras día Lis iba escribiendo sobre un supuesto hombre misterioso que acaba cautivándola por completo y que se está debatiendo dejar a Mardo.
La trampa no tarda mucho en dar sus frutos.
Un día al llegar a casa.
- Lis, creo que tenemos que hablar. ¿Hay algo que me tengas que decir?
Ella haciéndose la tonta, hace como la que se lo piensa y luego niega con la cabeza. Entonces él le suelta lo que ella escribió la noche anterior.
- He esperado todo el día de hoy a que tú me digas algo, pero viendo que no dices nada, me temo que tengo que ser yo el que hable con sinceridad: Ayer te vi al salir del trabajo besándote con un hombre.
Lis se lleva las manos a la boca y le dice: Me temo que eso es imposible, yo no me estoy besando con otro hombre que no seas tú. Pero ya que vas a hablar con sinceridad, dime, ¿Cuánto tiempo llevas leyendo mi cuaderno? Todo esto que llevo escribiendo últimamente y que tú has ido absorbiendo como una esponja, no ha sido más que pura invención mía. Tenía sospechas de que estabas leyendo mi cuaderno y como no quería acusarte decidí que tú mismo te delataras. Pero de todas las maneras que podías hacerlo has elegido la peor. Porque en el día que empezaste a leer mi cuaderno, traicionaste nuestra confianza, pero es que además hoy, me has engañado y me has acusado libremente de algo que no he hecho, además has roto una promesa.

Y así, Lis y Mardo comenzaron el declive en su pareja. Una vez la confianza se traiciona, ¿Cómo volver a confiar en esa persona?

sábado, 17 de mayo de 2008

HILOS



ATADA

Y DESNUDA

Y ENFRENTE LA VIDA

CON ALAS NEGRAS

PARA NO VOLAR;

PARA JAMAS DESPEGARSE DEL SUELO.

ALERTA, SIEMPRE ALERTA, VIGÍA Y, SOLA, SIEMPRE SOLA.

Fotografía: ANGELA BLANK

martes, 13 de mayo de 2008

CONTRA EL CALENDARIO (ACTO III)

TERCER CAPÍTULO
EL MISTERIOSO MISHINO


Lo había conseguido, estaba dentro del despacho de “El Gomas”, de Cristof de Village. Aunque eso de despacho tenía más bien poco, era un cuchitril que se sostenía por cuatro paredes amarillentas y sucias, con humedades en todas las esquinas y que olía a rayos. No tenía cuadros con gente famosa o de actores cotizados, tenía a las típicas tías del play boy enseñando pechuga y algunos recortes de periódicos hablando de sus obras de teatro.
El señor Cristof de Village, tenía una mesa de cartas un poco cutre y llena de boquetes de cigarrillo. Sobre ella, había restos de comida de hamburguesas, refrescos, patatas, y bolsitas con salsa de tomate. El cenicero estaba lleno de puros roídos y consumidos que vació en una papelera improvisada en uno de los rincones del despacho. Se sentó en una silla de madera con ruedas y a mi me ofreció una silla de plástico de jardín. Con toda la pasta que debería de tener, cómo podría vivir en un sitio como este- pensé- hasta mi amigo es más limpio con su piso. Y dijo que tenía mujer, eso sería porque no había visto el despacho de su marido, porque si no se quedaría más solo antes que canta un gallo.

-Muchacho, no debes de llevar mucho trabajando como actor, si no, sabrías que a un director, jamás se le puede corregir, más bien ridiculizar como lo has hecho tú. –Se levantó de la silla y quitó una revista que tenía debajo. Me miró a los ojos y se volvió a sentar tirando la revista encima de la mesa- Quiero que sepas que eso no ha estado bien y a partir de ahora tienes escasos minutos para convencerme de que te acepte en mi compañía.
Tragué saliva.
-Tengo que decirle que no tengo experiencia en este ámbito, que nunca he trabajado como actor en un teatro y que sólo me he presentado aquí por una corazonada.
La verdad es que el señor Cristof de Village parecía no escucharme y siguió asintiendo mucho después de yo haber acabado de hablar.
-¿De veras? Vaya, todo eso es increíble. Voy a ser rápido y no me voy a andar con rodeos, aquí en este espectáculo no hay sitio para uno más, tengo bastante con los que tengo y también de sustitutos estoy cubierto. Siento decepcionarte, en tal caso y para no tener que verte la cara nunca más por estos parajes…- se metió la mano dentro de la chaqueta y sacó una cartera marrón llena de papeles, fotos y recortes de periódicos- ten, mira, esta tarjeta es de un buen compañero mío que pronto estrenará una función que lo mismo te puede interesar, llámalo mañana.
-Antonino Valente- leí y miré asombrado y lleno de esperanza a aquel tipo calvo y guarrete que tenía enfrente- Muchas gracias por esta oportunidad, le aseguro que no la desaprovecharé.
Le tendí la mano para que me la estrechara y me levanté, aunque él no me soltó la mano del todo.
-¿Adonde crees que vas?
Me quedé callado y algo desconcertado por la pregunta. Iba a irme ¿dónde pretendía que fuera? –¿Puedo hacer algo por usted?- solté finalmente.
-No pensarás después de haber acusado a uno de mis actores que te puedes ir tan tranquilo sin decirme quién ha sido el inventor de mi mote.
Me puse blanco y empecé a sudar por la frente. ¿Realmente estaba esperando que le dijera quién había sido? Yo no era un acusica. Aún no había entrado a formar parte de esta gran familia que es el teatro y ya me estaba creando enemigos.
-Vera… ya no soy ningún acusica ¿Sabe?
-Ven, vamos para el escenario.

El señor Cristof de Village me llevó arrastrando desde el pasillo hasta donde estaba la compañía. Una vez allí, se desentendió de mí, subió las escalerillas y se colocó en mitad del escenario. Con un simple gesto de sus manos mandó parar la obra y que todos se reunieran en el escenario. Los miró a todos por encima del hombro, a pesar de ser más bajito que la mayoría. Fue de izquierda a derecha, con la mirada fija en cada uno de ellos. Volvió a recorrerlos una vez más por si no habían tenido suficiente, se echó a un lado y empezó a nombrar a unos cuantos, los cuales se adelantaron en la fila, yo estaba atónito, mirando desde abajo, deseando salir de allí.
Por un momento pensé que sacaría un látigo de afiladas cuchillas en los extremos y comenzaría a azotarlos como esclavos, o que cogería un bastón de madera y comenzaría a darles palos en las rodillas hasta que cayeran rendidos a sus pies delatando al culpable.
- Lali, Eric, negro, Alex y Sebastián.- se quedó pensativo mirando a uno más pero que descartó mentalmente negando con la cabeza. - ¡Muchacho!- Gritó dirigiéndose a mí- Estos cinco chicos que ves aquí delante de ti, son los más rebeldes de esta obra, o están durmiendo, o comiendo o no quieren trabajar. Unos auténticos vagos. Todos tienen algo en común, que a pesar de ser los más vagos, son los más admirados por el público y la prensa, aún así son de los que yo más desconfío. ¿El culpable se encuentra entre estos?
Los miré atentamente, aunque su cara no me había sido difícil de olvidar, hice un poquito el papel de tener que identificar al culpable. Lo encontré y lo hallé entre ellos, era el último que había nombrado. Desde luego ese hombre panzón no estaba equivocado en su criterio.
-Sí.- afirmé- y me giré para irme, antes de que alguien se me echara al cuello y me hiciese daño. Mientras pisaba la alfombra roja que me conducía a la salida, un soberano grito me hizo salir corriendo de allí.
-¡Sebastiaaaaaaaaaaán!

viernes, 9 de mayo de 2008

CITASA Y FRASES CÉLEBRES (IV)

LA ENVIDIA VA TAN FLACA Y AMARILLA PORQUE MUERDE Y NO COME.

Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.

martes, 6 de mayo de 2008

CONTRA EL CALENDARIO (ACTO II)

SEGUNDO CAPITULO
CRISTOF DE VILLAGE



Esa misma noche, en la habitación improvisada que Antonio había preparado para mí, un colchón mullido con un somier al que le faltaban la mitad de las tablas, me puse a pensar. Mirando por la ventana la noche tóxica que me ofrecía esta ciudad, el ruido de coches era incesante y aunque me costó muchísimo conciliar el sueño, Antonio parecía totalmente acostumbrado a todo ese barullo.
Bueno, en realidad nadie dijo que esto iba a ser sencillo. Si lo pensaba detenidamente, había dejado mi trabajo en Almería para meterme a actor en Barcelona. Tenía muchos miedos y aquel maldito gato riéndose de mí delante de toda la compañía de “Cats” no me lo ponía nada fácil, hasta la luna que me miraba divertida parecía reírse de mí. No paré de darle vueltas a la cabeza hasta que el sueño terminó venciéndome.

Al día siguiente, me desperté extrañamente lleno de energía, había descansado poco, estaba nervioso y tenía nauseas, pero eso no me quitó las ganas de conseguir lo que me había propuesto la noche anterior. El teatro no quedaba más que a diez minutos del piso de Antonio, así que pude desayunar tranquilamente a pesar de ser casi la hora, me duche y me vestí, como currículo llevaba un puñado de excusas, pero con ellas intentaría hacerme un hueco en aquella compañía.
Una vez en el teatro, me quedé un rato observando como los felinos ensayaban una y otra vez diferentes escenas de la obra que harían durante dos meses en Barcelona. Delante de ellos, sentado a la mitad de la primera fila, había un hombre bajito regordete y calvo pegando gritos a diestro y siniestro.
- ¿Se puede saber en que estáis pensando? ¡Sois felinos! Arañad, maullad como gatos. Moveos ágiles, con ligereza, atentos a cualquier movimiento. ¡Eh Sebatián o arañas o te vas! ¿Me estás escuchando? Hay millones de tios que se arañarían el pecho por estar en tu lugar. Eso es, así mejor.

Supuse que ese tipo sería el director del espectáculo, ya me había acojonado, me iba a dar la media vuelta y salir por dónde había venido. Había sido un tremendo error aparecer por allí después del espectáculo que hice ayer. No tenía el valor suficiente para enfrentarme al director, parecía muy duro con sus propios chicos ¿Porqué no iba a serlo conmigo? Pero a medida que me decía esto, mis piernas ponían rumbo a la primera fila, los gatos seguían ensayando y el pasillo rojo no parecía tener fin.
-¡Esos focos! ¿Quién coño esta al mando de esto? ¿Qué quieres ser mi ruina? Deja de apuntarme con el foquito de los demonios, apunta al escenario que es donde tiene que estar. Como tenga que subir allí arriba te vas a tragar el foco y despedirás luz por el culo.-Dijo aquel tipo escupiendo salivajos por todos lados.- ¿Y tú que coño miras?

¿Me lo estaba diciendo a mí? Me giré atrás y a los lados y me señalé con la mano derecha apuntándome al pecho.
-Sí, es a ti estúpido. La función es esta noche, no intentes colarte por la cara porque te echo del teatro a patadas y me importa un carajo quién coño seas, cuando yo estoy dirigiendo mi espectáculo ni las moscas zumban.
Tragué una bola de saliva que llevaba acumulando en la boca desde hacía tiempo.
-Su, su… supongo que usted tiene que ser El Gomas.
La compañía se paró en seco y con un chasquido de dedos un foco me alumbró directamente a los ojo.
-¿Cómo dices chaval? Ven aquí que te vea la cara. Hay que tener los huevos muy gordos para llamarme así, y todavía no ha existido persona en esta tierra que tenga tanta cara para ponerme apodo. ¿Sabes acaso con quién estás hablando?
-Verá, señor Gomas, me llamo Héctor Balboa, ayer noche estuve viendo su magnífico espectáculo, tengo que decirle que me encantó, fue algo maravilloso, no había visto nada igual en mi vida…
-Mira papanatas, vamos a dejar las cosas claras, aquí el que habla soy yo y si quiero criticas de mi obra ya tengo al New York Times y a verdaderos expertos que me critican. Creo que este ha tenido que ser el primer espectáculo que ves en muchos años chaval. ¿Me equivoco? No me cuentes tu vida porque no me interesa, quiero saber porque coño me has llamado Gomas y porqué sigues haciéndolo con ese descaro impertinente, y quiero que sea pronto que tengo que seguir ensayando o serás tú quién pague a estos gatos.


El tipo este estaba consiguiendo que cada vez me pusiese más tenso, una gota de sudor brilló en mi frente por culpa del foco, deseé que se le fundiera la bombilla. Me acerqué despacio un poco más hacia el director.
- Uno de sus felinos me dijo que pasase hoy por aquí sobre esta hora que “El Gomas” me entrevistaría.
El felino que me lo dijo empezó a hacerme gestos de que me mataría en cuanto pudiese.
-Así que uno de mis felinos-dijo girándose a la compañía- me ha puesto mote y lo tengo que descubrir por este gilipollas. ¿Quién es el valiente que se atreve a eclipsar a Cristof de Village con ese mote tan vulgar?-esperó varios segundos, pero nadie salió a dar la cara- ¡Todos en fila! Rocky, ya que ninguno de estos mininos, porque no se les puede llamar felinos, no quiere salir y dar la cara, serás tú con tu dedo acusador quién delate al culpable. ¿Quién ha sido?
-Me llamo Héctor.
-A mi eso me da lo mismo Rocky. Y ahora dime quién ha sido.
-Oiga señor de Village, no pienso decirle quién ha sido hasta que me entreviste, yo tampoco tengo ganas de perder el tiempo, soy un gran actor y muy cotizado para su información, tengo muchos espectáculos en los que actuar y no estoy aquí para aguantar que nadie me insulte y menos Homer Simpson. Que ya que le ponen mote que sea uno con razón.

Los felinos se llevaron la mano a la boca, unos abrieron muchísimo los ojos y otros exclamaron un “¡ah!” que flotó desde el escenario hasta el pasillo central donde yo me encontraba, paseándose y llenando todos los huecos del teatro. El que se encargaba de las luces, cambió su foco blanco por uno de color rojo con el cual parecía sentenciar mi muerte. El tiempo parecía haber desaparecido del reloj, todo se quedó en silencio, un suspense que me mantenía en vilo. Por dentro creí desfallecer, ¿Le había llamado en voz alta Homer Simpson? ¡Homer Simpson! Mi primera entrevista e insulto al director de la obra comparándolo con un personaje de animación. No sé en que estaba pensando.
Pero eso sólo era por dentro, por fuera me quedé tieso, desafiante al peligro, sin miedo alguno, sin titubeos. Echándole rostro a ese Cristof de Village. ¿Quién se creía él que era?
-Ja, ja, ja. Homer Simpson. Al final tendrá razón mi mujer. Nos reímos mucho cuando me compara con él. Dice que cuando no estoy trabajando me dan las horas en el sofá comiendo patatas mojadas en salsa ranchera y bebiendo cerveza. ¡Y tiene razón!- ahora se le cambió el semblante de la cara por completo y se puso muy serio.- Pero la razón la tiene mi mujer y no un mequetrefe como tú. Que vienes aquí, alabas mi obra pero me insultas y te mofas de mí delante de mi compañía, esto sólo lo harás una vez y será la última, porque nadie pone en ridículo a Cristof de Village. Vosotros seguid ensayando y tú Conan, ven conmigo.
- Me llamo Héctor.
-Si, sí, como quieras, vamos al despacho.

domingo, 4 de mayo de 2008

ME GUSTA CUANDO CALLAS

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

PABLO NERUDA