miércoles, 17 de diciembre de 2008

LOS 300 PUNTOS DE AHGELA EN LA WII !!

Esto ha sido gracias a ti Jaume.

viernes, 12 de diciembre de 2008

UN MAL DÍA



Hay días en los que el silencio llega a ser ensordecedor aún habiendo bullicio a tu alrededor, pero tu cabeza parece estar insonorizada. El silencio puede llegar a reventarte los tímpanos, cuando ves a las personas que te rodean articular palabras y el sonido sin salir de sus gargantas.
La habitación puede cobrar vida propia, y girar y girar sin parar. Alguien se levanta de su asiento y coge una cerveza de la nevera, te preguntan algo, no sabes muy bien el qué, su boca no ha emitido sonido alguno. Asientes y sonríes delicadamente.
Unos te mienten en la cara, te sueltan cosas que no se creen ni ellos, pero el problema está en cuando crees que esa persona se está creyendo tu bulo y resultas ser tú el engañado. Otros fuman y aparentan estar allí con los demás, pero su mirada está vacía, no tiene ojos para verte. Hay quien ríe abiertamente y su risa te contagia algo, aunque no sabes el qué, porque es muy difícil reír cuando se llora por dentro amargamente.

Y mirando bien y a tu alrededor, te das cuenta de que todos son grandes actores interpretándo su papel a la perfección, tal y como reza el guión; y la actuación puede llegar a ser perfecta si nadie decide improvisar, porque, uno no sabe qué hacer cuando alguien se salta el texto. La comedia puede llegar a convertirse en tragedia.
Pero hoy no estás para estrenos, ni teatros, ni películas de serie B, porque el eco del silencio resuena estridente en tu cabeza. Debes de salir de allí, cuanto antes.

- Voy a por unas birras ¿alguien quiere algo?
- ¡Tráete un camello!
- Si, y papel que nos quedamos sin.
- Y unas patatas, o unos donettes, lo que sea, que por aquí hay gusa. -Dice alguien alzando la mano y señalando con el dedo las cabezas de los que están sentados en el sofá.
Asientes y sonríes, delicadamente.
- Ahora vuelvo.
- ¡Eh tía! Que te dejas la pasta ¿O piensas invitar tú?
Niegas, coges el dinero, sonríes delicadamente.
Abres la boca para para decir lo dicho anteriormente: "Ahora vuelvo" pero te callas y lo que abres es la puerta.

Una vez en la calle todo en tu cabeza parece estar igual o peor. Ni el viento, ni el frío, ni las luces de la calle, ni el ruido, son capaces de sacarte del ensimismamiento en el que estás metida. Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón echas a andar, con una piedra por toda compañía, a la que vas dando pequeños toques con tus deportivas nuevas. Caes en la cuenta y te paras en seco. Deportivas nuevas, de última generación, de marca para ser igual de imbécil que los demás y bien chulas para que la gente te diga: ¡Eh, como molan tus bambas! Creas, ¿respeto? ¿afecto? ¿personalidad? ¿envidia? ser... ¿gilipollas de remate? Pero sigues siendo tú, aunque con deportivas nuevas de última generación, de marca y bien chulas.

Te guias hasta el coche, tal vez no sea un buen momento para conducir, no por la ciudad, sí por un polígono. Rumbo al polígono. Y es lo que tienen los polígonos industriales por la noche, puedes correr un poco más, no hay semáforos y escasea el tráfico. Puedes poner la música tan alta como te apetezca, puedes gritar mientras cantas y nadie te mira como si estuvieras loca, descargar adrenalina hasta vaciar el depósito y el tiempo parece... ¡Mierda el tiempo!
Casi sin arte cuenta llevas más de dos horas conduciendo y pegando berridos dentro del coche. Miras la hora, las once y media. Menos mal que la gasolinera siempre está abierta.
- Buenas noches, me pones seis estrellas y ...
- ¿Y...?
- Un momento por favor, que no lo recuerdo.
La dependienta suspira, pero se levanta para coger las cervezas de la nevera. Aprovechas y coges el móvil de la chaqueta. Quince llamadas perdidas. Cara de asombro y piensas: menos mal que lo tenía en silencio.
- Oye, que me he despistado hablando con un amigo que me he encontrado por la calle. ¿Qué me habíais pedido que no lo recuerdo? -¿Se tragarán el engaño? piensas. Por lo menos no me he salido del papel.
- Nos tenías preocupados tía, llevas más de dos horas fuera. ¿Estás bien no?
- Sí, sí, siento haberos preocupado, pero tenía el móvil en silencio... bueno, qué era lo que tenía que llevar.
- Eh.. sí, haber era... un camello
- ¡Y un Winston! -Se escuchó de fondo.
- Sí, un camello, un Winston, papel, que no se te olvide tía y comida, en abundancia ahora, que todos tenemos hambre.
- Vale, vale, pues ya voy.
- Venga, no te líes.

Dirigiéndote a la dependienta, sacudes la cabeza en forma de despiste, sonríes señalando el móvil y le sueltas la lista.
- Y me pones también un paquete de chimos y regaliz de fresa.
- ¿Cuántos?
- Dame el bote.
- ¿Cómo?
- Once, que me des once.
La dependienta te mira con mala cara y vuelves a sonreír.
- ¿Tienes pizzas?
- ...Seh...
- Pues ponme un par de atún y beicon y otras dos de queso.
- Veintidós con quince maja.
- Aquí tiene, buenas noches.

Aparcas, suspiras y te vas al pub que hay calle abajo para comprar el tabaco y lo demás ya os lo podéis imaginar. La cena, jugar unas partidas a los bolos, con suerte echas unas cartas, unas risas, fumar hasta partirte el pecho y tomar unas copas.
Tres horas después la gente se va y vuelve el silencio, atronador, ya ni te sorprendes, lleva siendo así toda la noche. Apagas luces, te enfundas el pijama y te metes en la cama. Cierras los ojos y el silencio desaparece. Miles de voces en tu cabeza preocupadas por infinidad de cosas. Queda noche para largo.
El dinero, el trabajo, la hipoteca, el préstamo, la política, la crisis, cambiarle las pastillas de freno al coche, pintar el techo, me quiere no me quiere, qué harás cuando mamá falte un día, si hay algo más allá, si hay algo más acá, qué puedes hacer para mejorar, qué bonitas que son las bambas, mañana me toca limpiar la casa, qué demonios te ha pasado esta noche, el lunes tengo que ir al banco, la contestación que te ha dado fulanito, cómo te gustaría estar en el pueblo, o tal vez en Miami, o en Las Vegas, de vuelta al dinero, el trabajo, la hipoteca, el préstamo....

jueves, 11 de diciembre de 2008

UNA OBRA DE ARTE



- Mujer, ¿porqué te cubres con esos ropajes?
- Mi señor, usted me mira tan fijamente, que provoca mi sonrojo, y mi cuerpo no es...
- Su cuerpo, su cuerpo es bello, tanto o más como su rostro. Un bello cuerpo, un cuerpo hermoso. La belleza de la mujer, su fragilidad desnuda, es maravillosa. - Se puso detrás de ella y cogiéndola de los hombros la presentó frente al espejo y le dijo: ¡Vos sois una obra de arte! ¿Alguien le dijo lo contrario?
Con las mejillas encendidas, dio media vuelta para escrutar los ojos de aquel hombre, que le recitaba tan bellas palabras.
- Nunca nadie me había dicho cosa semejante.
- ¡No me lo puedo creer! -apuntó llevandose las manos a la cabeza ante el asombro.- No debe ser cierto lo que oigo, aunque si es su boca la que habla, nunca más volveré a dudar de ella. Mi señora, ¡perdámosle el miedo a la desnudez! Mire mi cuerpo, ¿cree que es perfecto?
Sin tan siquiera mirarle, la dama preguntó: ¿Acaso vos no sois una obra de arte?
- ¿Yo? ¿Con tremena panza? -Rió sosteniéndose el estómago con las dos manos- No mi señora, sin embargo vos, me muestra sus nalgas en el espejo haciéndome morir por ellas. Pero siendo sinceros, Milady, sé que usted se muere de ganas por pellizcar mi oronda panza. -la cogió de una mano y mirándola a los ojos la besó en el dorso.- y yo muero de ganas de morderle las caderas.

Siguió besándola brazo arriba, hasta llega a sus hombros y su cuello, y sus labios rodaron por su piel hasta perderse. Con una mano, bajó por su espalda hasta llegar a sus nalgas, las cual apretó con ganas, pero sus manos fueron más alla, le acarició el vientre, y palpó su vagina, estimuló su clitorís hasta que sus fluídos bañaron su mano.
-Apoyese en la pared, no vaya a ser que le flaqueen las piernas.

Besó su pechos y le mordió las caderas y la cintura, acarició su pelvis y besó sus muslos por dentro. Introdujo un par de dedos en su sexo y ella le arañó los hombros. Sorbió su clítoris suavemente, su boca acariciaba su vagina, recorriendo sus labios sin prisas con la punta de la lengua y sumergiéndola en lo más profundo de su ser, haciéndola sentir deseada, poderosa, realizada.
La degustó, bebió de ella hasta saciar su sed, hasta que su miembro viril estuvo en todo su cénit, y cogiéndola de las nalgas la aupó apoyada en la pared, y la fué bajando lento, despacio, adentrandose poco a poco, y una vez dentro, sujetándola de las caderas se introdujo en ella hasta el final. No corria aire entre ellos, sus suspiros se entremezclaron frente a sus bocas, el besándole el cuello, ella agarrándose a su cabello, él mordiéndole los pechos, ella arañándole la espalda.
Pero las piernas que flaquearon, no fueron las de su señora, por lo que el caballero se apresuró a buscar una silla. Cubriéndole la espalda con el brazo entero desde las costillas hasta su ano, consiguió llevásela consigo hasta la silla de detrás del biombo, dónde relajó sus muslos por el peso de su señora y abrió sus piernas.
Ella apoyó sus manos en las rodillas del caballero y entrelazó sus piernas a las patas traseras de la silla, echando la espalda hacia atrás mientras él, atraía con fuerza su cintura, más y más fuerte, con más y más ganas, delirantes, completamente locos, extasiados. El caballero cerró las piernas y ella se irguió dejándole los pechos a la altura de su cara, paseo su nariz entre pecho y pecho, pequeñas gotas de sudor le cubrian la frente, ella no hacía más que botar y saltar encima de él, dejándole sin espacio para respirar. Su caballero no midió la fuerza y le mordió un pezón demasiado fuerte, pero hasta ese pequeño dolor le pareció exquisito.
La apartó de sí bruscamente y la puso de rodillas en la alfombra frente a sus genitales, sin dudarlo ni un momento, le lamió los testículos desde el final, rodeándolos con la lengua, hasta llegar a su pene eréctil, duro como una roca y enrojecido por la fricción, suministrándole un alivio instántaneo con su saliva, lo justo para darle la vuelta y proseguir la marcha.

Las trompetas de palacio anunciaban la llegada del rey después de su día de caza. El tiempo se les agotaba, pronto llegaría el rey a la alcoba para enseñar a su señora, que aún estaba en plena forma y mostrarle las perdices que habían conseguido para la cena.
Se dieron prisa, cubrió en saliva los dedos indice y corazón y le estimuló el clítoris mientras la emprendía fuerte contra su señora. Estando a punto del desmaye, un hormigueo la recorrió desde su útero, subiendo por su estómago y sus pechos y alojándose en su garganta. Nunca en su vida había experimentado una sensación igual, su cuerpo estallaba de placer, más y más su cuerpo iba liberándo todo su amor por su vagina. El caballero la embistió por última vez, la tiró del cabello hacia atrás y mientras la besaba en la boca, eyaculó hasta tres veces dentro de ella. Se dió el gustazo de morderle en el hombro derecho y luego sacudió su nariz en su cuello. La miró, la besó una vez más en el bajo vientre, cogió su ropa y escapó por la parte de atrás de la habitación.

Sin más tiempo que el de ponerse el camisón real, el rey entró por la puerta principal de la alcoba y llamó a su esposa.
- Mi reina, mirad que os traigo para la cena de esta noche, ocho perdices de gran tamaño, hoy hasta los sirvientes cenarán perdices y mandaré llamar a mi caballero real para que lo deguste con nosotros, ya que hoy se ha tenido que ausentar por problemas familiares. Creo que su madre no goza de un buen estado de salud. ¿Qué os parece? - Le dijo mostrandole la caza.
Pensativa le contestó:
- Una obra de arte mi señor. Una verdadera obra de arte.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

GROSSO MODO (de manera burda)


Con sólo ver tu ropa adivino:
que vienes de frecuentar putas y zorras
o de haber ganado a cartas rodeado de amigos.
te lo advierto cabrito,
no pierdas el tiempo jugando a dardos conmigo,
que ésta diana no es de corcho ni de agujeritos,
donde puedas clavar tus odios, todos infinitos.
Ni me gusta que llegues a casa hediendo a destilería,
que luego no follas bien y sueltas que la culpa es mía.
Que si no tengo garbo, ni espíritu, ni gancho,
¿Qué es lo que tienes tu? Sino vodka en un vaso.
Y no me vengas con flores ni "lo siento princesa"
si tengo platos sucios encima de la mesa
¿Quién coño te has creído?
Que soy tu chacha, tu madre ¿la que friega los lios?
Mira, no me hables... no me hables
que cada vez que dices algo me hierve la sangre
y cada día es lo mismo
más motivos y razones
que me quitan las ganas
de lavarte los calzones.
-¿Qué son esas maletas delante de la puerta,
piensas echarme de casa y darme la patada?
- Para nada colega, la que se marcha de casa, no es otra que la menda
que ha decidido borrar y hacer la cuenta nueva,
que ya está harta de ti y de acumular miseria.
Y con todo dicho, me voy por mi camino
aquí te quedas solito, lo que pedías a gritos.

lunes, 1 de diciembre de 2008

ZONA RESTRINGIDA A PERSONAL NO AUTORIZADO


Qué prohibido me queda el echarte de menos, y que el corazón me de volteretas cuando pienso en ti, pero con que notoria asiduedad me encuentro volando contigo por la fantasía del deseo. Distando mucho de la simple amistad, cuando soñando te robo a mordiscos la boca y te arranco a jirones la piel.
No se me permite si quiera temblar cuando me rozas la mano, ni sentirme la princesa del cuento cuando me estrechas entre tus brazos.
No tengo autorización para enviarte mensajes codificados a través de una mirada, pero en la noche, gasto a gemidos tu nombre, mientras te imagino deslizándote sobre mi piel comiendome los senos, arañandome las caderas, provocándo la fiebre en mi cuerpo.
Pero me han denegado el permiso hasta de meterte mano en los vaqueros para llegar a lo más profundo y besar tu cuello a chupetones en cualquier callejón oscuro.
Y estuve tan cerca de tu boca, que hasta pude sentir tus palabras entrechocando con mis labios, el peso húmedo de tu aliento en mi nariz. Pero cuando abrí los ojos, y te observé mirándome desde lejos, extraño, supe que existía un cordón policial "Do not cross" que nos separaba el uno del otro, y comprendí que si alguna vez soñé en hacerte sentir mío, sólo quedaría ahí, entre mis sueños.